miércoles, 15 de abril de 2009

COMO ESTIMULAR LA CREATIVIDAD EN EL TRABAJO




















Para producir nuevas ideas, las empresas tienen que observar, escuchar, no perder nunca la curiosidad y ser audaces.  

 "Una idea no es más que una combinación nueva de viejos elementos". Ésta es la piedra angular de la creatividad, expresada por Jack Foster en el libro How to Get Ideas ("Cómo dar con ideas").

Para producir nuevas ideas a partir de la combinación de otras anteriores, las empresas tienen que observar, escuchar, no perder nunca la curiosidad y ser audaces. Historias de éxito como las de 3M, Intel o Microsoft demuestran que la creatividad y la innovación pueden ser los elementos que distinguen a una empresa y le procuran una auténtica ventaja competitiva a largo plazo.

Pero ¿en qué se diferencian la creatividad y la innovación? y ¿cómo pueden desarrollarse estas capacidades en las organizaciones? En la nota técnica "Creativity and Innovation: How to Encourage Them" ("Creatividad e innovación: cómo potenciarlas") el profesor del IESE Pablo Cardona y la investigadora asociada Helen Wilkinson intentan dar respuesta a estos y otros interrogantes. Aunque creatividad e innovación van de la mano, la primera abre la puerta a la segunda.

 

La creatividad es la capacidad de introducir algo por primera vez, mientras que la innovación consiste en crear o modificar un producto y lograr venderlo en un mercado. Las empresas necesitan la creatividad para innovar en determinadas áreas de sus actividades diarias, ya sean procesos, relaciones humanas, toma de decisiones o soluciones, o departamentos como producción, logística, marketing o servicio posventa. ¿Pueden ser creativos todos los empleados? Los autores desmontan los mitos que rodean la creatividad, como por ejemplo que depende de la personalidad, la inteligencia, la edad o la experiencia, o que es característica de quienes viven peligrosamente. Lo cierto es que, muy a menudo, son las personas conservadoras las que dan con las mejores ideas. Distintos estudios han indicado que personas excepcionalmente inteligentes, con un alto coeficiente intelectual, no son más creativas que las que tienen un coeficiente medio.

 

La creatividad surge cuando se tienen las aptitudes y actitudes correctas: capacidad y voluntad. Sin embargo, si todos podemos ser creativos, ¿cómo pueden las empresas fomentar el talento creativo? Según los autores, los empleados necesitan libertad para trabajar, ya que las mejores ideas se nos ocurren cuando nos divertimos, reímos y disfrutamos de nuestro trabajo. Actitudes y aptitudes básicas Tener una mentalidad creativa supone mostrar siempre una disposición a abordar los problemas y las distintas situaciones con nuevos enfoques.

La creatividad se basa en tres actitudes básicas: tenacidad, confianza y entusiasmo.

La Tenacidad: es necesaria porque la creatividad no es una chispa que surge de la nada, sin dedicarle ningún esfuerzo. Al contrario, el trabajo creativo exige la participación de las dos mitades del cerebro, la creativa "situada en la zona derecha" y la ejecutiva "en la izquierda". La mitad ejecutiva del cerebro se hace cargo de la primera fase de un proyecto creativo: se analizan los hechos, se define el problema y se reúne la información relevante. Sólo entonces podemos generar alternativas creativas. Sin embargo, esas alternativas no servirán de nada si no se materializan en un plan de acción, un paso que exige de nuevo la intervención de la mitad ejecutiva del cerebro.

La Confianza: es importante porque el estrés, la frustración y el miedo al ridículo o al fracaso pueden echar por tierra la creatividad, por lo que debemos ser audaces y calcular bien los riesgos. En este sentido, los autores aconsejan reservar unas horas al día para pensar tranquilamente.

El Entusiasmo: es esencial porque la creatividad florece cuando nos apasiona nuestro trabajo, cuando nos sentimos profundamente motivados. Debemos preguntarnos, pues, cómo disfrutar más de él. Además de la actitud o la voluntad, son necesarias la aptitud o capacidad.

En los negocios no basta la originalidad. Las ideas han de ser útiles y prácticas. Para mejorar nuestra capacidad de producir nuevas ideas tenemos que aprender a hacer un mejor uso de los "viejos elementos". Para ello, hemos de observar el mundo que nos rodea y aprender de él, lo que implica escuchar atentamente para quedarnos con el mensaje y poder reproducirlo en su integridad más adelante. Y siendo curiosos nos abrimos a nuevas experiencias, temas y situaciones que pueden ser beneficiosos para nuestro trabajo. En ocasiones, es bueno distanciarse del problema e intentar verlo desde otros ángulos porque nuestra mente puede crear obstáculos que no existen.

 Para ser creativos respecto a un tema hay que ser concreto; fijar objetivos nos ayuda a centrarnos y a focalizar nuestra energía, lo que facilita el esfuerzo creativo. Sin embargo, no hay que centrarse únicamente en resolver problemas, sino que se trata de buscar soluciones para mejorar las cosas. Para ello, será necesario recabar información y averiguar todo lo que se pueda sobre ese tema. A todos nos han enseñado a pensar lógicamente, o verticalmente. Pero deberíamos aprender a pensar lateralmente, diversificando nuestra atención para estimular distintas percepciones y enfoques. Por ejemplo, cuando conectamos dos opiniones diferentes de un cliente y de un distribuidor estamos pensando lateralmente. Una vez que hemos observado, escuchado, reunido información y generado nuevas alternativas, debemos relajarnos, ya que las mejores ideas se nos suelen ocurrir cuando hacemos algo que no tiene nada que ver con el problema en cuestión. Y cuando surge la idea, hemos de conceptualizarla y ser capaces de explicarla con claridad. Fomentar el talento creativo La actitud creativa tiene que ver con la voluntad, y por ello dependerá fundamentalmente de la motivación.

Para fortalecer la actitud creativa de nuestros subordinados tenemos que reafirmar su motivación mediante varias medidas.

En primer lugar, premiando la iniciativa. Sin despreciar las ideas. Mostrando gratitud, debemos registrarlas y desarrollarlas. Los premios no necesariamente han de ser monetarios. Las personas que disfrutan de su trabajo le dedican más tiempo.

En segundo lugar, tenemos que asignar cada tarea a la persona adecuada, porque la tarea se convierte entonces en un reto personal que estimula las aptitudes del empleado. También deberíamos alentar la experimentación. Se dice que Bill Gates celebra sus fracasos con champán. Deberíamos animar a las personas a arriesgarse, haciéndoles saber que no pasa nada si cometen errores porque siempre se puede aprender de ellos. Fijar objetivos claros y estables espolea la creatividad al delimitar el espacio de que disponen las personas para experimentar. También tenemos que dar buen ejemplo a los empleados y fomentar la colaboración entre ellos.

Por último, deberíamos pararnos a pensar cómo podemos hacer el trabajo de nuestros subordinados más interesante e incluso emocionante.

Existen 4 maneras de alentar la aptitud creativa de los empleados:

Fomentar la Diversidad; Animarles a Estudiar y Utilizar Fuentes de Innovación; Plantearles Preguntas Denominadas SCAMPER (S de Sustituir, C de Combinar, A de Adaptar. M de Modificar, P de Propósito, E de Eliminar y R de Reorganizar o Revocar), y alentarles a usar técnicas de creatividad de equipo. Los grupos cuyos integrantes tienen una gran diversidad de experiencias a sus espaldas son más eficaces a la hora de estimular la creatividad. Es mucho más probable que surja la creatividad en equipos de personas con experiencias y bagajes intelectuales diferentes, así como distintas maneras de abordar los problemas o situaciones.

En su búsqueda de oportunidades de innovación, los empleados deberían beber de las siete fuentes de innovación identificadas por el experto en gestión empresarial Peter. F. Drucker: Sorpresas, Incongruencias, Cuellos de Botella, Cambios en el Sector, Cambios de Percepción, Cambios Demográficos y Cambios en el Conocimiento.

Por último, para promover el pensamiento lateral, los equipos pueden recurrir a técnicas de creatividad como la provocación, la falacia lógica, la lluvia de ideas o los seis sombreros para pensar, con las que cada miembro del equipo ha de estudiar un tema o situación desde un punto de vista diferente. La creatividad surge cuando se tienen las aptitudes y actitudes correctas. Cuando a las personas se les da libertad para trabajar como más les gusta en un entorno estimulante, cuando sienten que se valora lo que hacen, son más creativas. Por ello, para forjar una cultura de creatividad, las empresas deberían centrarse en personas motivadoras con misiones y objetivos claros, así como fomentar el intercambio de información y la colaboración.  

“Todos ven lo que tu aparentas, pero pocos advierten lo que eres”

Maquiavelo


No hay comentarios:

Publicar un comentario