viernes, 8 de mayo de 2009

APRENDAMOS A CONDUCIR




















Roy Lilley en su libro “Como tratar con gente difícil”, dice que en el centro de cada problema de relaciones interpersonales siempre se encuentra una palabra de 12 letras: comunicación. No se requiere ser un especialista, basta con ponerse a observar a nuestro alrededor, y analizar los conflictos personales por los que atravesamos, si nos detenemos a revisar el patrón que este tipo de líos tiene en común, siempre encontraremos una falla de comunicación humana.

 Primeros revisemos algunos términos, ¿qué entendemos por conflictos personales? Es una discrepancia o diferencia entre ideas o intereses que sostienen las personas. A veces un conflicto puede desembocar en un enfrentamiento o agresión, pero también puede darse el caso de que el antagonismo u oposición se mantenga pasivo, y la manifestación del conflicto se realice a través de acciones más “políticas”, pero no menos perniciosa (sabotaje, sarcasmo, desacreditación, etcétera).

 Tenemos un conflicto personal cuando inicialmente nuestra posición o interés discrepa del de otra persona, y esta diferencia genera algún tipo de resistencia o desacuerdo entre los individuos. De ahí las cosas se pueden conducirse tranquilamente, en donde cada las partes aceptan la diferencia y de ahí puede surgir un esfuerzo por explicar sus posiciones lo mejor posible y por que no pensamos o vemos las cosas de la misma manera. Aunque se requiere bastante humildad y un interés en la relación a largo plazo para tomar esta postura.

 Pero lo que usted y yo conocemos como un verdadero conflicto, es decir una bronca, discusión acalorada o “choque” se da precisamente cuando hay un enfrentamiento o colisión de intereses, valores, acciones o direcciones. Como los accidentes viales, el choque se da cuando una o ambas de las partes involucradas no quieren ceder el paso, o por que alguien invadió el espacio de otro. Tan difícil que nos resulta a las personas ceder, especialmente cuando se trata de ceder la razón a otra persona. Se nos olvida que todos tenemos siempre la razón, pero nadie tiene la razón siempre.

 Pero algunas personas se sienten obligadas a tener siempre la razón por su edad, cuando realmente la sabiduría no va en la relación directa a la cantidad de canas o años cumplidos. Otras personas creen que deben de tener la razón por su posición, ya sea el puesto que ocupan, o los años de estudio o entrenamiento dedicados en alguna actividad específica. Pero también están las personas que sienten tener la razón por que así fueron acostumbrados, ¿de verdad? Claro, permítame explicarles.

 Estoy convencido de que una buena parte de las costumbres (las buenas y las malas) que tenemos las personas las obtuvimos desde niños o jóvenes, del sitio donde fuimos criados y formados por nuestros padres o quienes hayan cuidado nuestro crecimiento inicial. Aspectos como conducir un vehículo: Desde la manera de tomar el volante, la velocidad que imprimimos al manejar y hasta el cuidado que tenemos con el automóvil es aprendido a través del ejemplo desde jóvenes.

En nuestro país no existe una cultura que fomente la instrucción formal para conducir vehículos, de manera que para obtener una licencia es relativamente fácil con aprobar un examen en que básicamente revisan si sabe estacionarse en reversa. Aunque también está el camino corrupto de pagar una “mordida”. Las reglas de tránsito no son evaluadas a profundidad en la mayoría de los municipios de nuestro país, así que la mayoría de los que conducimos en las calles aprendemos empíricamente.

 Las personas que provienen de familias más o menos tumultuosas (siete o más integrantes) aprenden a saber escuchar varias conversaciones al mismo, y por ende, a hablar con varias personas simultáneamente, especialmente en las discusiones de sobremesa. En el seno del hogar aprendemos a dialogar, negociar, y especialmente a discutir. No se ha percatado de lo mucho que se parece la manera que usted argumenta y defiende sus posturas – como lo hacía o hace su padre o madre. ¿No lo había notado? Si aún no repite estos hábitos de sus progenitores, no se preocupe, en unos cuantos años empezará a hacerlo.

            Muchos conflictos personales se pueden evitar si aprendemos a manejar las discrepancias o diferencias de opinión que tenemos con los demás; así como muchos accidentes de tráfico no ocurrirían si conociéramos las reglas de tránsito, y si fuéramos un poco más gentiles cediendo el paso y evitando invadir el carril de los otros. Cuestión de cortesía, no se mete uno entre los carros como si estuviéramos en medio del Viaducto de la Ciudad de México, como tampoco se interrumpe a otra persona que está hablando, como si estuviéramos en una discusión familiar.

Revisemos, cuantos conflictos pueden ser evitados si dejamos de discutir como lo aprendimos de niños y empezamos a conducirnos de una manera más civilizada, reconociendo que es imposible tener siempre la razón, y cuando se tiene hay que saber expresarla. Evitemos choques innecesarios, no importa si su “ego” sea del tamaño de un camión urbano, los choques no conducen a nada bueno y siempre quedan abolladas las relaciones.

  El virtuoso se conforma con soñar lo que el pecador realiza en la vida.

Platon

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