lunes, 9 de agosto de 2010

ASESINOS EN SERIO


Tanto el éxito de las organizaciones como nuestro propio éxito como profesionales va a depender en gran medida de los siguientes factores: hacer cosas diferentes, hacer más cosas que los demás o hacerlas mejor. Para conseguir nuestros fines disponemos de herramientas que nos hacen ser más eficientes y eficaces. Algunas de ellas son las reuniones, el correo electrónico y el teléfono.


¿Estamos seguros que estas herramientas nos hacen mejores? Por supuesto que no. En infinidad de ocasiones se han convertido en serios asesinos de nuestra eficiencia, de nuestra creatividad, de nuestro tiempo productivo y hasta del tiempo dedicado a nuestra vida personal.


¿Cuántos correos recibe al día? ¿Cuántos de ellos son realmente necesarios para que usted pueda hacer bien su trabajo? ¿Cuántos de ellos sirven para algo más allá de hacerle perder el tiempo? ¿A cuántas reuniones asiste? ¿Qué porcentaje de ellas son realmente útiles?
Seamos sinceros: las reuniones muchas veces son excusas para quién no sabe que hacer con su tiempo. 


Los correos electrónicos son excusa en tantas ocasiones para aquellos que no saben asumir su responsabilidad (yo eliminaría de los correos la opción Cc “con copia”). El teléfono es utilizado con frecuencia en el ámbito profesional para comentar el último chascarrillo o el partido de la jornada.


Asumamos de una vez que Mexico se encuentra sumamente  rezagado en términos de productividad. Asumamos que si todas las organizaciones tomaran medidas para incrementar nuestra eficiencia un 20% es muy probable que no sería necesario acudir a la vía de los despidos, tragedias individuales que tienen un efecto devastador en la economía del país y de las organizaciones.


Tambien es importante asumir que el tiempo que dedicamos a nuestras organizaciones es pagado por nuestros clientes. Éstos no estarían muy contentos al ver cómo se emplea su dinero en correos, reuniones y llamadas telefónicas inútiles. Hábitos que se han convertido en asesinos en serio de buenos hábitos, de buenas prácticas.


Cambiarlo es muy fácil. Si tenemos esa voluntad, claro.



“Solo Viven Aquellos Que Luchan.”

Victor Hugo

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