lunes, 10 de agosto de 2009

ELIJA EL MEJOR EMPLEADO PARA EL TRABAJO REMOTO













El desempeño de un colaborador fuera de la empresa puede distar en relación a lo que se realiza a diario dentro de la compañía. Ya sea, porque existe menos presión de sus supervisores, el trabajador no se adapte al nuevo lugar de trabajo o simplemente pierda concentración por estar en un nuevo lugar.

Sea cual sea el motivo, si una empresa debe enviar a uno de sus empleados a trabajar fuera de la empresa, ya sea para realizar nuevas negociaciones, capacitación o la entrega de servicios en el extranjero, se debe tener en cuenta ciertas características esenciales en el trabajador, para seleccionarlo a dicha tarea.

¿Cuáles son esas cualidades?

-Debe ser una persona en que confiar. Es decir, se debe estar seguro que esta persona desempeña bien su trabajo y a la vez, no defraudaría a la empresa, más si no cuenta con supervisión.

-El trabajador debe saber desenvolverse con independencia. Por lo tanto, debe ser una persona que genere ideas proactivas y no espere siempre las instrucciones de su supervisor.

-La persona elegida debe ser segura de sí misma, tanto de su persona, como en sus capacidades para lograr objetivos.

-Esta persona debe tener autoconocimiento personal, para saber cuando pedir ayuda, antes de tener que enfrentar un problema grande.

-Entre la empresa y el empleado debe haber comunicación. Donde la empresa sepa transmitir las metas que se desean lograr y el colaborador comprenda a cabalidad lo que se desea obtener.

-Considere que su empleado disponga entre la empresa canales de comunicación fuidos.

-Evalúe que su colaborador no baje el desempeño fuera de la empresa. De todas formas, este peligro se puede evitar seleccionando colaboradores con una buena capacidad de autorregulación.

-Finalmente, asegúrese que su empleado se sienta parte de la empresa. Para ello fomente el sentimiento de orgullo por representar a la firma, como también incentivar la responsabilidad que supone ser la imagen visible de la compañía.

“Experiencia no es lo que ocurre a una persona; es lo que hace con lo que le ocurre.”

Seneca

VEINTE FORMAS DE GANAR


















Sebastian Coe, el atleta inglés más grande de la historia de ese país, ofrece algunas sugerencias sobre cómo tener éxito en los negocios.

El campeón olímpico Lord Sebastian Coe, que también lideró el proyecto para llevar las olimpiadas de 2012 a Londres, comparte su guía para tener éxito en los negocios.

1. Los líderes se hacen.

2. Hay que tener visión.

3. No se puede inspirar a la gente sin entenderla antes.

4. ¿Cómo? y ¿Por qué? son preguntas que se tienen que hacer en el orden

correcto.

5. Fijarse objetivos realistas.

6. Los líderes fuertes no tienen miedo de contratar a personas más

inteligentes que ellos.

7. No sólo escucha lo se dice sino lo que no se dice.

8. Elijen sus batallas.

9. Nadie es indispensable.

10. Mantienen menos reuniones.

11. Esperan lo inesperado.

12. Fomentan un ambiente para tomar riesgos.

13. Perder no es lo mimso que fracasar.

14. Nunca dicen nunca.

15. Se ciñen al plan.

16. Respetan a sus rivales.

17. Siempre escucha al mercado.

18. Viven una vida equilibrada.

19. No temen desenchufarse del trabajo.

20. Pueden.

“No hay viento favorable para el que no sabe adonde se dirige”

Seneca

LOS MICRONICHOS




















Si quieres matar a las iniciativas que pretenden conquistar nuevos mercados, hazte las siguientes dos preguntas:

1) ¿De qué tamaño es el mercado? 2) ¿Qué porcentaje vamos a conquistar?

Estas preguntas, aunque quizá necesarias, asesinan a cualquier innovación y atentan contra los descubrimientos de oportunidades.
Es que las oportunidades se presentan como pequeños destellos o chispazos que apenas y se asoman. Sólo a base de pruebas y pilotos, estos micronichos pueden ser conocidos realmente y pulsarse su potencial.

Si la oportunidad es el soplo divino de un negocio, el marketing es el vehículo para detectar y diseñar formatos de explotación de oportunidades.

Hacer marketing es vivir en la cultura de los micronichos: se olfatean, se toquetean, se prueban, se explotan, se desarrollan hasta que se convierten, si hay suerte, en masivos.

Lo más sensato, y rentable, es moverse por el vector de los micronichos y no por el de los mercados masivos. La conquista de mercados nuevos tiene que empezar por los micronichos.

Existen etapas en la adopción de productos o servicios que tienen que ser consideradas, atendidas y desarrolladas. La empresa que quiera llegar de golpe a las mayorías, muy difícilmente -aunque invierta en campañas publicitarias millones de dólares- va a conquistar y prevalecer en el mercado.

La época de los lanzamientos masivos y de las apuestas grandes se terminó.

Primero porque la tecnología actual permite hacer prototipos de casi cualquier cosa y aunque sean más caros que fabricar el producto en serie, los ahorros son grandes porque esto te permite probarlo directamente en el mercado y afinar.

Y segundo lugar porque ya no existe el "gran medio", aquel que por su exposición y su capacidad de captura puede monopolizar a la audiencia. La televisión, y subsecuentemente todo lo masivo, han tenido que cederle el paso a nuevos medios, a lo digital y a la cultura de la personalización.

La interacción personal (de boca en boca y ahora con internet de clic en clic) sigue siendo clave a la hora de la difusión de innovaciones.

Nos creemos civilizados pero seguimos al pie de la letra el mandato antropológico de la tribu que sigue siendo la médula de la sociedad, aunque se suba al ciberespacio.

A la hora de plantear el despliegue comercial de una innovación, conviene mapear claramente a la población en el clásico modelo de los cinco grupos: 1) innovadores, 2) imitadores tempranos, 3) mayoría temprana, 4) mayoría tardía y 5) rezagados.

Innovadores. Los innovadores se la pasan experimentando con todo lo nuevo. Son un grupo pequeño pero de mucha influencia y son los encargados de arrancar el proceso de adopción y reconocimiento de una marca nueva. Son de perfil abierto, curiosos, les gusta la vanguardia y disfrutan ser referencia de novedades. Si dan su visto bueno, hacen su recomendación al siguiente grupo.

Imitadores tempranos. Los imitadores tempranos se la pasan observando a los innovadores. Es un grupo mayor en número y son de perfil visionario y práctico. En lugar de enamorarse de las innovaciones por sus características intrínsecas o su grado de sofisticación, su criterio de decisión está basado en la práctica. Se preguntan para qué sirve, cómo le sacan ventaja al competidor, cómo mejoran su forma de trabajo. Si dan su visto bueno, hacen su recomendación al siguiente grupo.

Mayoría temprana. La mayoría temprana se la pasa observando a los imitadores tempranos. Es, como indica su nombre, un grupo numeroso y les gusta esperar un poco hasta que el grupo que los precede les dé la suficientemente confianza de que su inversión, o su adopción, no impactará negativamente y tiene ventajas. Si dan su visto bueno, hacen su recomendación al siguiente grupo.

Mayoría tardía. La mayoría tardía se la pasa observando a la mayoría temprana y el ciclo se repite. Entre las dos mayorías (temprana y tardía) representan cerca del 80 por ciento del mercado; esto ya es mainstream.

Los rezagados. Este último grupo no cambia sus hábitos, ni sus marcas preferidas, y los problemas los resuelven de la misma manera de siempre.

Cuando un producto o servicio llega a las mayorías se convierte en status quo, en estándar y homogéneo, por lo tanto deja de ser cool y pierde su encanto para los primeros dos grupos.

Y aquí está la parte clave de los micronichos: cuando un producto ya está en las mayorías se abre implícitamente un flanco. La posición del grandote ahora es vulnerable contra jugadores irreverentes y rebeldes que suelen ser más originales.

Los que arrancan todo el proceso, los innovadores, se sienten muy incómodos "siendo del montón" y están ávidos monitoreando nuevas opciones.

Como ejemplo, Microsoft fue en su época el rebelde y ahora es parte del establishment; y lo mismo pasa con Google, que ya es tan grande y complejo que implícitamente está vulnerable frente emprendedores irreverentes que apelen a las sensibilidades de los innovadores, arrancando así otro proceso. En este sentido Google no quiso dejar ir a Youtube y lo compró, pero ni Facebook ni MySpace ni Tweeter, por mencionar algunos, se han dejado comprar y siguen creciendo vertiginosamente.

Hay que aclarar que este proceso no sólo es para tecnología; cabe en cualquier tipo de industria.

El destino de un producto o servicio depende de los innovadores, no de las mayorías. Si las mayorías son las que finalmente determinan el grado de rentabilidad, son los innovadores los que le dan factibilidad de ser considerados por la mayoría. Sin innovadores no hay mayorías, pero no necesariamente al revés.

A la hora de productos o servicios nuevos, la discusión tiene que centrarse alrededor de los innovadores y los imitadores tempranos, no de las mayorías. Con suerte, las mayorías vendrán después.

“La estrategia sin tácticas es la ruta mas lenta a la victoria, las tácticas sin estrategia son el sonido antes de la derrota”

Napoleon


LA CONSTANTE DEL CAMBIO




















Cambiar cuesta. No cambiar también cuesta. Pero intentar cambiar y acabar con no hacerlo, cuesta aún más.

Miles de autores se han abocado al fenómeno de la resistencia al cambio y otros tantos a decirnos cómo cambiar. Es que ambas perspectivas se encuentran ubicadas en el extremo opuesto de un continuo que va desde lo más optimista hasta lo más pesimista.

La visión optimista de la condición humana le apuesta a la persona y asume que la gente quiere progresar, que busca retos, que quiere crecer y está dispuesta a pagar el precio; la visión pesimista asume que la gente es conformista, que no quiere cambiar ni crecer y mucho menos quiere pagar el precio del cambio.

Menciono algunas reflexiones relacionados al cambio:

El Abogado del Diablo versus El Abogado del Ángel.

La frase de: “Déjame jugar el rol del abogado del diablo”, es una asesina de iniciativas. Al articular la frase automáticamente se adquiere el permiso para dejar correr la simulación que inevitablemente caerá en el análisis seco, distante y desconstructivista hasta que acabe con todo. Debería de haber un abogado defensor cada vez que se invoca a la figura del abogado del diablo; un buen nombre quizá sería el abogado del Ángel, sin querer asociarlos, ni uno ni otro, al bien o al mal, sino al simple balance de figuras argumentativas.

Dispendio Organizacional versus Ahorro Eficientista.

Dispendio es la suma de los productos, insumos y recursos organizacionales que se consumen para realizar el cambio desde la concepción, comunicación e implementación. Incluye juntas, eventos especiales, discusiones, clarificaciones, cambios en las funciones, utilización de energía adaptativa (energía extra para ajustarse a nuevas demandas), re-procesos, malos entendidos, alegatos, implicaciones no anticipadas, pérdida de eficiencia operativa, entre otros.

Ante una lista como la descrita, no resulta difícil entender que el cambio puede resultar más costoso de lo que se mira en primera instancia.

Entusiasmados por El Cambio versus “Vacunados” contra El Cambio.

Querer cambiar y emprender acciones para lograrlo puede costar más caro si en el camino se decide dar marcha atrás: “fue mucho relajo, no jaló la cosa, te dije que no iba a funcionar”, entonces los escépticos se refuerzan en el no-cambio y triunfan.

Al dispendio organizacional que se mencionó antes, hay que agregarle otros dos costos más que normalmente están escondidos:

1) El del Desánimo, que se provoca por no lograr los cambios propuestos 2) El de La Resistencia e Incredulidad que se genera para el siguiente cambio (quedando “vacunados” en contra).

Absolutistas versus Kaizenistas.

“No hay medias tazas. Aquí conmigo las cosas se hacen de golpe porque se hacen”, decía un líder de línea dura cuando se le planteaba el esquema del cambio gradual.

Y también está la propuesta kaizenista (Kaizen en japonés significa mejora, desmenuzar, rehacer) que cree que el esfuerzo gradual y continuo, con una dirección en mente, es más poderoso y menos disfuncional. Bajo esta filosofía todos los días se hace algo, por más pequeño que sea, para reafirmar la visión elegida.

Una vertiente de este punto pueden ser las pruebas Beta, también llamadas pruebas piloto versus las implementaciones Alfa, el gran cambio de una sóla vez.

Quiero versus No Quiero.

Trata sobre la paradoja de querer cambiar al mismo tiempo que se experimenta la resistencia al cambio. Siempre hay ganancias primarias y secundarias involucradas en el cambio. Por ejemplo, al tener un empleo la ganancia primaria puede ser la certidumbre de una quincena y la secundaria que la persona evita confrontarse con ella misma, auto-previniéndose de un fracaso potencial.

Establisment versus Rebeldes.

El cambio lo quiere el que no tiene el poder. El poderoso se aferra al establishment porque se sirve de él y paradójicamente, los que están en la mejor posición de hacer algo para cambiar significativamente las cosas son los que más beneficio obtienen del status quo.

Tomando en cuenta los puntos mencionados, enlisto algunas recomendaciones del cambio organizacional.

1. Definir el problema/oportunidad generando sentido de urgencia.
2. Esbozar una visión clara y articulada.
3. Comunicarla constante y redundantemente.
4. Vender y promover la idea.
5. Establecer una meta inspiradora que capture la imaginación de la empresa.
6. Seleccionar campeones internos que se encarguen del proceso.
7. Asignar recursos, no sólo de dinero.
8. Definir pasos claros de acción y recompensas a los involucrados.
9. Planear y celebrar victorias rápidas.
10. Planear y celebrar victorias grandes.
11. Hacer reajustes y reorientarse al paso 1.

Las cosas que valen la pena hacerse; vale la pena hacerse dos, tres, cuatro veces, hasta que salgan bien.

“El peor error del ser humano es confundir velocidad con direccion. El secreto de dirigir esta en la direccion que le ponemos a nuestras acciones”

Jack Welsh

LA PROGRESION DEL CAMBIO















“No hay nada más poderoso que cuando a una idea le llega su tiempo” - Víctor Hugo

Haz un experimento un día. En la calle o en una reunión al aire libre, quédate viendo para arriba, hacia el cielo, y fija la mirada. Abre ligeramente la boca, como sorprendido, y mueve la cabeza lentamente como si siguieras con la vista a algo. En menos de 30 segundos, vas a tener a otro mirando al cielo, y si lo pusiste de acuerdo previamente para que te siguiera la jugada, junto con otros 3, lograrás que todos volteen para arriba buscando alguna maravilla aérea.

Esto es persuasión por imitación, por no quedar fuera, por compartir algún hallazgo. En lugar de decirle a la gente: "todos volteen para arriba” y te tilden de loco, mejor empieza con algunos pocos y hazlo lo suficientemente intrigante para que se interesen más.

Esto viene a propósito de cambio organizacional y de persuasión. Podría decirse que para promover el cambio, o algún comportamiento, el uso de autoridad es mejor que la persuasión para el caso de México porque la gente “responde mejor”, pero depende del contexto, del tipo de cambio que se quiera ejercer, de los objetivos, los involucrados y de más.

Algunos cambios son para revolucionar, otros para evolucionar y otros simplemente para dejar de perder. También se hacen cambios por gusto, por necesidad, por aburrimiento, por desgaste, por nuevos ideales, para no quedarse atrás, o para dejar atrás a otros. Cambios para todo sí, pero ¿cómo proceder en la organización?

El Masivo vs El Selectivo.-

El primer impulso para los cambios es involucrar a toda la organización, a todos los directores, a todos los departamentos.

El riesgo de hacerlo así es que alguien:

1.- No Entienda el Cambio

2.-No Le Parezca Bien

3.-Piense que es una Pérdida de Tiempo

4.-Cree que No Le Beneficia para Nada

5.-O Simplemente que “No Le Gusta El Cambio” Porque Lo Saca de Su Zona de Confort.

Entonces por alguna combinación de las 5 anteriores, la respuesta puede ser el sabotaje, el tortuguismo pasivo agresivo o la franca rebeldía. Si las cosas no salen bien, emerge un “se los dije que no servía para nada”. Y si la persona renegada resulta ser un líder informal se va a generar un grupo de inconformes cargados de negatividad.

Si el resultado se implementa con éxito, cosa no sencilla por la magnitud del cambio, entonces los renegados pierden.

Pero si el resultado es mediocre o no se da, los renegados ganan y la empresa pierde. En la siguiente implementación y/o cambio masivo, el escepticismo imperará y la gente volteará hacia los renegados para ver ellos cómo la ven. O peor, se incentivará a otros para que hagan lo mismo, generando células de inconformidad repartidas en la organización.

Si
se vuelve a fracasar al implementar un nuevo cambio o un segundo intento del primero, el ciclo se repite y los cambios organizacionales serán casi imposibles. Como dice el Director de Innovación de un grupo comercial “el animal queda vacunado” contra el cambio.


Entonces, ¿Cómo Hacerle?

Una opción es que en lugar de cambios masivos, procurar primero los selectivos.

Empezar por buscarse, en lugar de renegados, un grupo entusiasta en algún rincón de la organización, un departamento progresista, una región no viciada --aunque sea pequeña--, un líder carismático.

Ya que los tengas ubicados, les explicas el cambio intencionado, los involucras a que aporten sus ideas y los apoyas. La recompensas de preferencia que no sean monetarias.

Y esto funcionaría como un esquema territorial: conquistas un pequeño territorio, un fuerte, un edificio, un pueblo; y de ahí te mueves hacia el edificio o pueblo aledaño, y así sucesivamente.

Lo deseable es que se logren resultados, se hagan ajustes, se corrijan errores y entonces te mueves a la siguiente entidad. Este tipo de secuencia permite que la oferta de cambio, en el lado de la implementación, se pula y se deja tan “aceitada” que se habla de ella y se presuma. La idea es que eventualmente otros levanten la mano y digan y ¿cuándo le toca a mi área?

Acabaría por convertirse en una progresión concéntrica de dominancia territorial en el sentido del cambio organizacional.

Bajo este formato, tendrá que llegar el momento donde el cambio sea de tal magnitud, replicado y ya implementado, que el cambio sólo requiera oficializarse.

Lo anterior se relaciona con algunas otras ideas.

Apuesta grande vs apuesta chica. Concediendo sabiduría al dicho de “el que no arriesga no gana”, también puedo agregar que si apuestas en grande, pierdes en grande; si apuesta en chico pierdes en chico.

Y no hablo de tenerle miedo a las apuestas grandes, sino de que a la hora de apostar ya tengas efectuadas una serie de apuestas pequeñas explorativas en el sentido y la dirección de lo que potencialmente podría convertirse en grande. Es decir, me tanteo antes de aventarme.

De abajo para arriba, de arriba para abajo. No todos los cambios deben venir de arriba para abajo (escenario de organigrama jerárquico).

En ocasiones los que vienen de abajo para arriba son más poderosos porque los recoge gente que tiene contacto con el mercado, clientes, prospectos y competidores. Estos niveles “inferiores” de la organización frecuentemente saben más y tienen mayor sensibilidad, pero carecen de la visión de 360 grados de la dirección y de los recursos para asignar.

Cuando se formaliza el flujo de información de abajo para arriba y se combinan la sensibilidad del mercado, con la visión y el dinero, pasan cosas maravillosas y los cambios suelen ser más contundentes.

Sobra decir que el contexto es el elemento clave para evaluar y elegir las formas y métodos de implementar el cambio organizacional. Habrá cambios que entra más drásticos y absolutos, serán mejor a la larga.

“No es lo que eres lo que te limita, sino lo que crees que eres”

Seneca

EFICIENCIA QUE MATA

















Cuando alguien habla de eficiencia, a mí me da miedo; lo escucho con atención, veo su grado de apasionamiento al hablar, o incluso de fanatismo, y agarro aire. Es que muchos negocios mediocres se desintegran en el nombre de la eficiencia o incluso mueren ondeando la bandera de la productividad.

La eficiencia llevada al extremo castra a la compañía, le apaga el fuego creativo, la hace predecible al grado de la inflexibilidad.

Hacer más con lo mismo suena maravilloso, pero también puede ser mortal. Una obsesión por la productividad no deja espacio para un discurso de eficacia.

Es que no es lo mismo hacer las cosas bien, que hacer las cosas correctas.

¿De qué sirve hacer más con lo mismo si lo que haces perdió relevancia? ¿De qué sirve hacer más con lo mismo si lo que haces te entierra cada día más y ni cuenta te das? ¿De qué sirve hacer más con lo mismo si la configuración prevaleciente se diseñó para otro tiempo y para otra oportunidad?

Para colmo, estamos entrenados para ser administradores más que líderes. La academia y la cultura de gestión de empresas en general nos ha hecho expertos en el cómo pero no en el qué. Aprendemos técnicas para ser mejores administradores de recursos cuando lo que hace falta son líderes (obviamente arropados por buenos administradores) que cuestionen el statu quo y hagan a la innovación el centro de su gestión.

El administrador administra, el líder innova. El administrador busca preservar y hacer eficiente el statu quo, mientras que el líder busca mantenerse vigente y relevante en un mercado cambiante, así como detectar y explotar oportunidades.

Por ejemplo, la labor de un buen administrador de hotel, entre otras cosas, es hacer housekeeping y cerciorarse de que cuando regreses a tu cuarto por la noche esté limpio, ordenado, cama tendida y chocolate en la cama.

Cuidar y optimizar el uso de recursos tiene un valor enorme, pero esta mentalidad administradora resuelve sólo parte del problema o incluso a veces es la causa del problema.

Existen por lo menos cinco componentes de este pensamiento eficientista:

1.- Economías de escala. Este dogma es el equivalente al santo grial en la era de la industrialización. La regla dice que entre más haces de lo mismo, mayor el grado de especialización, mayor el ahorro y mayores las ganancias. Henry Ford, un genio de la era industrial, se convirtió en el ejemplo clásico de la producción en serie y nunca quiso producir un auto que no fuese negro.

La naturaleza de las innovaciones es ineficiente y si el criterio para elaborar un producto o servicio nuevo se somete a la tiranía de los ingenieros que sólo piensan en economías de escala, entonces no habrá incentivo para cambiar nada, no se descubrirán nuevos nichos, ni se aprobará ningún tipo de innovaciones.

2.- Indicadores y métricas. Abundan las medidas de eficiencia expresadas en términos de desperdicio, holguras, reducción de insumos, de costos y gastos. La naturaleza de las innovaciones es financieramente errática en sus inicios y, otra vez, si el criterio es puramente financiero ninguna innovación nace.

Prevalecen las métricas de denominador en las empresas porque suele ser más crítico el control del gasto que las métricas "suaves" como el grado de satisfacción del cliente, la tasa de quejas, la deserción de clientes, la segmentación de la base de clientes, la tasa de venta cruzada. Las métricas suaves cada vez son más importantes y las empresas que lo entiendan tienen mayores opciones de diferenciación frente a la competencia.

3.- Sistemas de evaluación y compensación. Como la economía de escala y el sistema medieval de cargo y abono, con sus respectivos estados financieros, están insertados en el ADN de la gestión de empresas, entonces así es justamente como se mide y se compensa a los ejecutivos. Si no se cambian los indicadores, no hay incentivo para innovar y, al contrario, se verá siempre como un riesgo.

4.- Incrementalismo presupuestario. Este ritual anual de generar presupuestos es terrible para la innovación.

En lugar de aprovecharlo para dirigir el cambio estratégico, el presupuesto se usa básicamente como herramienta de control y me parece penoso que para elaborar el presupuesto anual la gente sólo le sube o le baja un factor de crecimiento o decremento. "Si los números cuadran" el presupuesto se autoriza y listo.

Pero este formato no permite cuestionar qué es lo que va a hacerse diferente, cómo el esfuerzo va a ayudar a incrementar el capital de marca, mejorar la satisfacción de clientes o incrementar el número de innovaciones por año.

5.- Idealización de la innovación. Al extremo de la economía de escala está el romanticismo de la innovación, esto es, que al pensar en innovaciones se piensa de inmediato en un Steven Jobs con su Iphone y Ipod. Pero las innovaciones no todas son tan escandalosas, masivas y cool. Hay innovaciones de todo tipo y en diferentes grados.

Entre más grande y apartada del core sea la innovación, mayor será la tasa de fracaso. Si no estuviera tan idealizada la innovación y se pensara en términos de iniciativas adyacentes: a) mismos clientes, mismos productos, penetración de mercado; b) mismos clientes, nuevos productos, innovación de productos; c) nuevos clientes, mismos productos, innovación en mercados, las iniciativas automáticamente subirían su probabilidad de éxito.

La administración, el housekeeping, la economía de escala y el control presupuestal son necesarias para que un negocio opere, pero también se pueden convertir en la razón "más noble" para quebrar una compañía y desalinearla del mercado. Es como ahorcar a alguien en nombre del amor.

Un vector de eficiencia polarizado implícitamente genera uno de ensimismamiento, miopía e insensibilidad comercial.

“Nunca se va tan lejos como cuando se sabe hacia donde se camina”

Seneca

EL ESCLAVO



















El esclavo es un sujeto del siglo 21 que anda por el mundo viviendo una vida que él no diseñó. Su rutina y su estructuración de tiempo más bien parecen un programa o software que irremediablemente se desdobla y se ejecuta a través del tiempo, completamente fuera de su conciencia.

Es que el esclavo es un insumo del sistema que lo creó, que lo educó, que lo instruyó en el "deber ser", que lo distrajo de su vocación para acomodarlo donde mejor le convenía, que le apagó su fuego personal para fusionarlo a la maquinaria colectiva.

El esclavo del siglo 21 trabaja 50 semanas del año para descansar 2, se empeña 50 años para retirarse y "hacer lo que quiera", aunque muchos al retirarse, como los árboles viejos, se secan y mueren.

Por supuesto que la disciplina no lo convierte en esclavo, ni tener un trabajo estable en una empresa ni tampoco la falta de diversidad en su vida. Los agentes esclavizantes son más bien la falta de conciencia, el miedo a la duda, la ausencia de introspección y reflexión, la vida automática que se protege en el dogma, dando como resultado una evaporación de la pasión.

Y le llamo esclavitud porque no hay peores cadenas que las que son invisibles.

Por eso algunos defensivamente niegan la esclavitud arguyendo que "estoy muy bien", "tengo el trabajo perfecto". Y si este fuera el caso, excelente y felicidades. Creo que hay mucha gente que vive en plenitud, pero también creo que abunda la negación y la represión, por lo que la energía tiene que salir por algún lado.

El aburrimiento discutiblemente es el mal de este siglo; es la peste moderna y lo que probablemente nos avienta a los excesos en intentos estériles por compensar esta vaga y perturbadora sensación, algunas cifras: World Health Organization (WHO): 340 millones de personas en el mundo tienen depresión y 800 mil se suicidan por esto; 140 millones con problemas de alcohol.

El valor anual del comercio en drogas: 324 mil millones de dólares, más que el PIB del 90 por ciento de los países.

La industria de videojuegos: 20 mil millones de dólares; Ars Techica estima 68 mil millones en el 2012.

La industria de pornografía: 14 mil millones de dólares (F. Rich, NYT).

Psicólogos y sociólogos del mundo levantan la voz de alerta porque sus consultas tienen predominantemente un factor: el aburrimiento.

D. Riesman arguye que la persona en la actualidad busca "encajar" en el sistema y vive perpetuamente ajustándose a lo que el mundo espera de ella, perdiendo toda motivación.

Esto cuadra con lo que decía Nietzsche: "Nuestras acciones y decisiones pueden provenir de la parte fuerte y la potencia creativa -que quiere manifestarse- o pueden venir de la parte ansiosa y débil -que quiere la aceptación convencional-".

R. May, uno de los primeros psicólogos existencialistas, narra la anécdota de un chofer de camiones urbanos en Nueva York que un buen día decide conducir el camión hasta Florida porque "estaba aburrido de la misma ruta y decidí conocer Florida". Los neoyorquinos, seguramente proyectando sus propias frustraciones, convirtieron al chofer en celebridad.

De un chofer me paso a Bill Gates, que dando un discurso a graduados de preparatoria comenta: "Antes de que tú nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Se hicieron así ganando dinero para pagar tus cuentas".

En México un v.p. de recursos humanos me confesó que uno de sus principales problemas organizacionales es la falta de pasión e involucramiento de su gente.

Y hace poco, un ejecutivo exitoso, de aquellos que dices "parece tenerlo todo", fue hospitalizado por "estrés acumulado" o cansancio crónico.

¿A dónde nos lleva esto? No pretendo tener la respuesta, pero considero que el primer paso es la reflexión y el enfrentamiento con aquello que es lo más duro de enfrentar: a uno mismo.

Hay que volver a pensar en términos de vocación, vocatio en latín, que significa llamado o voz; en la intuición, de intuare en latín, que significa mirar hacia adentro; en el entusiasmo, de theos en griego, que significa estar lleno de Dios; en flow, que es cuando hay un "match", o balance, entre la capacidad de un individuo y el tipo de reto que tiene frente, como lo define Csikszentmihalyi.

La antítesis del esclavo es el héroe. Los griegos definían a un héroe como aquella persona que en una acción rebelde y auténtica rompe con la maldición; en este acto se libera a ella misma y, de pasada, al resto de nosotros.

“Es mucho mejor enfrentarse a grandes desafíos y aspirar a grandes éxitos, arriesgándose a perder, que integrarse en las filas de los mediocres, que nunca gozan ni sufren demasiado, porque viven en una gris penumbra, sin victorias ni derrotas."

Franklin Delano Roosevelt