martes, 23 de diciembre de 2008

CRISIS DE INERCIA


El problema no es la falta de ideas nuevas, sino cómo sacudir, eliminar y desincorporar a las ideas viejas; a esas que no dejan crecer, que no dejan cambiar, que se imponen sin cuestionarlas, que rigen de manera silenciosa y que impactan en los hábitos, costumbres y formas de hacer negocios.
La inercia puede acabar con una empresa porque el mundo, los clientes y los competidores cambian. Y la inercia por definición se asemeja a una línea continua donde nada diferente puede pasar si se sigue haciendo lo mismo.
Crisis es cambio. La destrucción obliga a la creación. Un comienzo siempre es el fin de algo. A veces hay que destruir (en connotación positiva), para construir. A veces hay que empezar de cero, como si no hubiera inversión en el pasado.
El desafanarse del pasado cuesta y puede ser equiparable a un entierro. Es difícil enterrar a alguien, a una idea, a una empresa, a una tecnología, o a una relación.

Hace algunos años ocurrió un entierro que resultó memorable para todos los ahí presentes.
Ya en el panteón, con toda la gente alrededor de la tumba y con una lluvia leve, el nieto mayor del fallecido se paró en el centro de la tumba y levantó los brazos.
Sonriendo, contó anécdotas de su abuelo como celebrando la vida que tuvo y resaltando toda la nueva vida -con familiares, nietos y bisnietos- que había engendrado.
Los presentes, al principio un tanto desconcertados, al ver al espíritu del joven entusiasmado empezaron a sonreír y a soltar carcajadas.
Acto seguido el nieto pidió a los presentes que lo acompañaran en una canción. Y todos se unieron a formar un coro alegre.
Fue una buena lección.
Hay que dejar ir. Hay que saber dar marcha atrás. Hay que saber vencerse. Hay que saber enterrar para que el nuevo ciclo tenga oportunidad.
Algo parecido a un entierro tuvo que vivir Andy Grove, cuando en 1985, entonces presidente de Intel, visitó la última planta productora de DRAM (dynamic random access memory). El mensaje para el personal fue que Intel dejaría de producir DRAMs y prácticamente se fue a despedir.
Intel había sido el líder pero para 1983, el mercado estaba sobreofertado. En 1972, el chip de Intel había sido el circuito integrado más vendido en el mundo, y se le acreditaba más del 90% de las ganancias de Intel, además de tener casi el 100% de la participación del mercado de los chips.
Pero al principio de los ochentas, los grandes productores de DRAMs entraron al mercado estadounidense y empezaron a pegar duro.
En un periodo de 3 meses en el verano de 1984, el precio de los DRAMs cayó un 40% e Intel sufrió al igual que la industria y empezó a perder dinero.
La respuesta de Intel fue una serie de agonizantes reuniones donde las soluciones eran francamente conflictivas. El mismo Grove luego admitiría que tomar la decisión estratégica aparentemente sencilla de salir del mercado del random-access memory, se vio bloqueada por los lazos emocionales que los fundadores y ejecutivos tenían por los chips, y que eran la esencia de Intel.
Una fascinante conversación -digna de una película de Hollywood- tuvo lugar en el otoño del mismo año entre Grove y Gordon Moore, CEO. Grove le preguntó a Moore: “si nos corrieran y trajeran a un nuevo CEO, ¿qué crees que haría él?”. Moore, sin titubear contestó: “Nos sacaría de las memorias (del negocio DRAM)”.
Después de un momento de silencio, Grove nuevamente le pregunta: “¿Por qué no, tú y yo, salimos de la oficina, volvemos a entrar y lo hacemos nosotros mismos?”
Y ahí empezó todo, la siguiente fase, el punto de Inflexión, como lo acuño Grove (con datos de Creative Destruction/ Foster & Kaplan; Only the Paranoid Survive/ Grove).

Una empresa mexicana mediana, enfrentó un dilema parecido.
Estaban en junta el dueño de una fábrica, sus directivos y sus tres hijos. Era una sesión de estrategia y estaban definiendo el destino de la compañía.
El fundador, ya de 77 años de edad, insistía que las cosas andaban bien y que todo era cuestión de productividad y eficiencia -como lo había sido en los últimos 35 años-. La premisa era que si se bajaban los gastos más, y más y más, el negocio tenía que ser exitoso, y de esa postura nadie lo sacaba.
Pero el problema no era éste; sino de estrategia de negocio ante un entorno cambiante.
Al paso que iban la empresa terminaría quebrando. No se le puede sacar agua a una piedra. Pero él seguía terco.
Uno de los presentes le preguntó: “Si usted tuviera todo el dinero y todo el tiempo del mundo qué haría con su fábrica?”.
Sin titubear, el fundador le dijo: “renovaría la maquinaria, eliminaría líneas de producto, me enfocaría en estos segmentos, y haría un esfuerzo consciente por exportar más”.
Todos aplaudieron en silencio: la perspectiva no se había perdido. ¡Bravo!
La siguiente pregunta fue... ¿Y por qué no lo hacemos?
Y la respuesta desanimó a la audiencia: “Porque no hace falta, hay que bajar gastos”. El fundador volvió a aferrarse a su esquema mental “eficientista” de las últimas cuatro décadas, como si hubiera sido otra persona la que había hablado con lucidez hace apenas unos minutos.
Desaprender puede ser más difícil que aprender y dejar de repetir más difícil que imaginar.
Para renacer, reinventar, replantear y revolucionar, uno tiene que morir un poco para dar espacio a lo nuevo.

Para esto se requiere perspectiva, humildad, entender la ley del sacrificio (unas cosas por otras) y sobretodo valor para actuar.

“Los problemas a los que hoy nos enfrentamos no pueden resolverse con el mismo nivel de pensamiento que teniamos cuando los identificamos”

Albert Einsten

INSTINTOS


Los instintos de los humanos desembocan en las empresas. No sólo en el comportamiento cotidiano, sino que se ven reflejados en las trayectorias estratégicas que se persiguen y en la cultura organizacional. Hay empresas con vocación y carácter adquisitivo, defensivo, de afiliación y de aprendizaje.
La biología evolucionaria, a pesar de la antigüedad del humano, es una ciencia que empieza a sintetizar los descubrimientos en otras disciplinas como las ciencias del comportamiento. Unos profesores de Harvard, Lawrence/Nohria, proponen que las decisiones son producto de la naturaleza humana y ésta puede resumirse en cuatro drivers básicos.

De manera natural, esto también puede relacionarse a las empresas. Hagamos la analogía.

1.- La Empresa Adquisitiva es aquella que está obsesionada con crecer, adquirir, poseer, conquistar. En el pasado los romanos, macedonios, hunos, ibéricos, ingleses, etc. buscaban adueñarse de territorios como si fuera la única forma de explicarse su propósito de vida. Este instinto de conquista prevalece y se puede leeren estrategias de compañías. La globalización quizá sea resultado de este instinto.
Imaginemos una junta de consejo con los directivos constantemente haciendo referencia a un mapa del mundo donde se tiene marcado con color azul los territorios donde ya se tiene presencia; en naranja, las siguientes conquistas; en morado las zonas que faltan; y en amarillo donde la competencia ya llegó.
Se puede crecer en forma orgánica, con recursos propios y expandiendo su territorio; en forma adquisitiva, donde la empresa se dedica a comprar a otras; o a través de alianzas y convenios.
El crecimiento sin pausa y la expansión sin espacio normalmente producen dos síntomas: descontrol -en el sentido operativo, financiero, y/o administrativo- y mal servicio al cliente. Es un clásico ejemplo donde la estructura comercial -relacionada al crecimiento- rebasa a la estructura organizacional y sufre el cliente, y un poco después sufre la empresa.

2.- La Empresa Defensiva. En contraparte del conquistador está el conquistado. No está regido por el “gen adquisitivo” pero tampoco quiere que le quiten su parte. Paradójicamente se dice que la mejor defensiva es la ofensiva.
En el entorno empresarial la conquista se da en el mercado. Es cuestión de ventajas competitivas y de quién sirve mejor a los clientes meta.
Pero hay empresas obsesionadas con el competidor (la defensa) y hasta se convierte en el protagonista de las juntas de trabajo, define programas y políticas, se le copia, se le monitorea.
Los síntomas de llevar esto al extremo son la ignorancia del mercado y de las tendencias de la industria.

3.- La Empresa que Afilia. Después del instinto cazador-cazado, está el que busca afiliar a su gente, proveedores, clientes y formar “una gran familia”.
El concepto de CRM (Customer Relationship Management) ya fue extendido y empieza a sonar por el mercado el Relationship 360. El espíritu es que si se crea un grupo fuerte, que involucre a los inversionistas, al personal, a proveedores y clientes que son los que generan los ingresos recurrentes, entonces se crea un equipo competitivo que le gane al otro “clan”.
Llevado al extremo, estos esfuerzos pueden causar la desatención en acciones de la competencia y un enfoque demasiado hacia dentro en aras de formar la familia feliz, y que no se ventilen ideas cargadas de stress que irrumpan la zona de confort, que no se discuta ni pelee al grado que la compañía quede desincronizada del ambiente competitivo.
4.- La Empresa que Aprende. Senge le llamó learning organization, y la define como una entidad que aprende con el tiempo y se preocupa por pensar, no sólo por hacer. La empresa que aprende activamente busca la diseminación del conocimiento generado en la empresa, además de importarlo a través de cursos, consultores, etc.
Jack Welch mientras estuvo al frente de GE, creó la Universidad GE donde se convirtió en un activo profesor. Es interesante el capítulo que Welch dedica en su biografía a esto.
Llevado al extremo, el síntoma que puede generar es parálisis por análisis o una empresa de poca acción; pero bien se podría argumentar que si la organización realmente aprende y tiene un esfuerzo organizado alrededor de esto, puede lidiar hasta con este síntoma.

¿Cuál de los cuatro es mejor o cuál es la dosis adecuada? Depende de muchos factores como la industria y la etapa en la que se encuentre, la competencia, el mercado, el grado de información que se tenga, etc.
Lo relevante es que una empresa que no crece está perdiendo, una empresa que no defiende es vulnerable, una empresa que no afilia se queda sola, una empresa que no aprende se estanca.
En medio del cuestionado organigrama tradicional: demasiado jerárquico, no fomenta la colaboración, no fluye la comunicación, está desconectado del mercado, etc., por un momento se pudiera pensar en una estructura organizacional que tenga sólo cuatro “direcciones”:
Crecimiento y Exploración (ataque), Consolidación y Control (defensa), Equipo y Cadena de Valor (afiliar), Aprendizaje y Superación (aprender).
Cuando se tienen departamentos como producción, finanzas, ventas, personal, etc. y cada quién se mide diferente y lucha por ser mejor, se cae en que la eficiencia de las partes nunca formará una empresa competitiva.

Percibir a la empresa como una sola entidad y como una síntesis de actividades como las descritas pudiera direccionar al negocio a otra arena más efectiva.

“Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”

William Satin

LOS INCOMPETENTES


Siempre parece haber algún incompetente cerca: en la junta, en el grupo, en la empresa, o en la vida. A veces uno mismo es el incompetente, pero el problema aparece cuando es de manera recurrente y llega a convertirse en crónico. Las organizaciones avanzan a pesar de personas mediocres, cerradas, politizadas, y/o malas.Todos hemos enfrentado gente así, y no podemos explicar lo que hacen en la empresa, cómo es que siguen subiendo de puesto y peor, cómo es que la lideran.
Varios estudios confirman que la mayoría de los incompententes simplemente no lo saben. Y si lo supieran, probablemente ya no lo serían. La gente incompetente tiende a pensar sobre su alta capacidad, mucho más que la gente competente.
Si tienes dudas respecto a tu competencia y habilidades, lo más probable es que sí lo seas. Si estás seguro que eres lo máximo –o muy cerca de serlo- probablemente seas incompetente y ni en cuenta.
Cierto grado de duda es sana porque invita a la lucha, a la previsión, al estudio, y a trabajar más que el que padece de una sobrevaloración. Además, la seguridad en uno mismo no es un estado permanente: es dinámico y varía según la personalidad, la experiencia y el contexto que se enfrenta.

Viene al caso recordar a Johari. Sus famosas “ventanas”, nos dicen que las personas tenemos cuatro niveles de conciencia sobre nosotros mismos:
1.- La parte pública.- es aquella que yo conozco de mí, y ellos (el resto de la gente) también conoce de mí.
2.- La parte privada.- aquella que yo conozco de mí, y ellos no. Es donde guardamos secretos y pensamientos personales.
3.- La parte ciega.- aquella que yo no conozco de mí, y ellos sí. Aquí es donde entrarían la mayoría de los incompetentes, y para el caso, muchas de las partes ciegas donde tenemos problemas y que todo mundo ve, excepto nosotros.
4.- La parte escondida.- aquella que yo no conozco de mí, ni ellos conocen de mí. Es la que Freud y otros estudios de la personalidad acuñaron como el subconsciente.
Si a los que califican como incompetentes se les diera retroalimentación, según Frank M. Shipper, profesor en la Perdue School of Business en Maryland, uno de cada seis empleados o directivos se negarían a creerlo. Y este autoegaño puede resultar caro.

¿Y el principio de Peter?
El que afirma que los humanos somos promovidos a diferentes empleos por hacer bien nuestro trabajo, justo al nivel donde ya no lo podemos hacer bien.

¿Será que todos empezamos siendo competentes en algo, hasta que los ascensos -en la organización o en los negocios- nos llevan a un nivel que nos rebasa y caemos en la incompetencia?
Lo paradójico es que en las organizaciones incluso los que ya llegaron a su nivel de incompetencia, pueden seguir ascendiendo porque conocen y se mueven bien en medio de la “grilla” (política).


Una ejecutiva mexicana se quejaba amargamente que su jefe no sabía leer el lenguage corporal, ni dentro de la empresa y menos con clientes. Cometía los actos más descontextualizados del mundo, hablaba cuando tenía que callar o viceversa. Incluso al estar negociando plazo de pago con un proveedor, éste le ofreció darle más y contestó diciendo “no gracias, no me hace falta tanto plazo”.
Lo bueno fue que se lo quitó de encima porque lo promovieron.
Y lo promovieron porque su jefe la llevaba muy bien con su propio jefe. Como si el resumen de toda la existencia de la vida corporativa era lograr que su jefe lo apreciara.

Cuando llegaban las presentaciones de resultados, este sujeto ponía a toda su área a trabajar en lo más sagrado: la presentación.
Dependiendo del caso, el grupo podía invertir dos, tres, siete, o veinte días y noches sin parar. Toda la gente del área resentía estos ejercicios de showtime y el desgaste era enorme. Todo para una hora de presentación.
Y la gente de abajo, la que en realidad hacía el trabajo, resentía que el tipo se colgara las medallas. Con frecuencia se puede engañar a la gente de arriba, pero rara vez se engaña a la gente de abajo.

Su único talento, según su empleada, eran las presentaciones, pero con esto tenía. Lo más interesante es que esta persona parecía estar ciego respecto a su incompetencia, a sus malas decisiones y a los comentarios tontos.
También está la variable de la vigencia del liderazgo. Los líderes, como todo, tienen sus tiempos. Un buen líder en un contexto específico puede ser justamente lo que requiere la compañía, pero al cambiar el contexto deja de ser competente.
Una de las confusiones más grandes de la historia es cuando Churchill, el último bastión europeo repeliendo a los nazis, con su determinación y claridad mental logró ­haciendo equipo con los norteamericanos- orquestar la derrota alemana; pero cuando llegó la paz, el pueblo inglés pareció despedirlo de la vida pública.
En ningún momento se sugiere incapacidad de Churchill, sino que se resalta la vigencia a la que un líder está expuesto, y pudiera dar la apariencia de anacrónico.

Respecto a los expresidentes mexicanos, por lo general salen mal librados (al igual que el país): pasan de héroes a villanos, de competentes a incompetentes, de agraciados a desgraciados. A veces los juicios no tienen fundamento, pero ¿quién puede contra la vox populi?
Aunque por definición el ejercicio público no puede darle gusto a todo el mundo, la gestión actual de gobierno ha sido en ocasiones cuestionada. El tiempo, como siempre acabará por escribir la historia.
¿Y en tu empresa, hay incompetencia ciega?
Eventualmente todo saldrá a relucir, la pregunta es a qué costo.

“Existen dos clases de personas: las que hacen el trabajo y las que se adjudican el mérito. Trate de estar en el primer grupo. Hay menos competencia.”

Gandhi

LAS TRES MARRANITAS


Propósitos

Estamos a unas cuantas semanas de que nos pongamos a pensar en las resoluciones y propósitos para el año que empieza, seguramente todos tenemos mucho que pensar, y aspectos que mejorar. Realmente no basta con plantearse una meta para cumplirla, y no siempre los seres humanos hacemos lo que es mejor. En otras palabras, si resolver la vida consistiera en tan solo hacer una lista de las cosas que deseo cambiar, usted y yo tendríamos menos de la mitad de los problemas que actualmente nos aquejan.

La vida de las personas, la usted y la mía, esta regida por una serie de principios que asimilamos de nuestros padres, después adquirimos otros de las experiencias por las que atravesamos. Estos principios son nuestros paradigmas, son los programas que rigen nuestra forma de ver y actuar en el mundo, son estos principios los que nos hacen sentir que podemos controlar nuestras vidas. Llevar a cabo propósitos, es decir, cambiar las conductas es difícil por que lo que se necesita es modificar los principios.

Si yo me propongo realizar ejercicio físico todos los días, necesito organizar mi día diferente: levantarme mas temprano, o dejar de dedicarle una hora o dos a otras cosas como leer. Y para mi leer un par de horas en la noche, es mas que un simple hábito, es una costumbres que se basan en el principios que tengo que mantenerme actualizado a través de la lectura por que si no me siento obsoleto. Las acciones arraigadas muchas veces se encuentran fundamentadas en principios, por eso es que cuesta tanto trabajo cambiar los hábitos viejos por nuevos.

Además, hay que recordar que “la cabra siempre tira para el monte“, es decir, las personas siempre vamos a tender a actuar de manera que obtengamos mas satisfactores con menos esfuerzo. Y la única forma de romper con esta inercia es a través de la madurez emocional, la disciplina y el entendimiento de una regla clara que le escuche al padre de Enrique Silva, un buen amigo: “El hombre no vino al mundo a ser feliz, sino a cumplir con sus obligaciones”. Aunque algunos piensen que las obligaciones son mas bien hedónicas (placenteras), como es el caso de la historia de las tres marranitas que a continuación les voy a contar.

La historia

Eric de la Parra y Maria del Carmen Madero escribieron un libro titulado “Estrategia de Ventas y Negociación”, de la Editorial Panorama. En el texto utilizan mapas mentales y metáforas para ilustrar sus explicaciones. Una de las historias que mas disfrute por su comicidad y significado, fue la que trata sobre un granjero que deseaba que sus marranas tuvieran crías, por lo que procedió a subir a sus porcinos hembras a su camioneta, y llevarlas a otra granja, en donde por una cantidad determinada de dinero, tres machos les servirían de compañeros de apareamiento.

Al terminar con el proceso, el dueño de las marranas le pregunta al propietario de los cerdos: “¿Cómo puedo saber si mis marranas están preñadas?”. A lo que contesto: “Es muy fácil saberlo. Si se revuelcan sobre la hierba significa que están preñadas, y si se revuelcan sobre lodo es que no lo están”. Al día siguiente el granjero salió inmediatamente a revisar que estaban haciendo sus marranas, y encontró que yacían placidamente sobre el fango. De manera que volvió a llevarlas a la granja de los marranos a cumplir con el procedimiento de aparearlas.

A la mañana siguiente, el granjero volvió a revisar a sus marranas y las encontró mas que felices jugueteando en el lodo. Sin perder la esperanza, el dueño de las cochinitas las volvió a llevar a la granja para que se encontraran con los machos. Pero al día siguiente tuvo que salir muy temprano a la ciudad y desde allá le llamo a su esposa, para preguntarle: “¿Qué están haciendo las marranas, revolcándose sobre el lodo, o sobre la hierba? Su cónyuge un poco asombrada le contesto: “No están haciendo ni lo uno ni lo otro. Dos de ellas están en la parte de atrás de la camioneta, y la otra esta sonando el claxon, pareciera que están esperando a ver a que hora sales”.

Conclusión

Realizar cambios, verdaderas transformaciones estructurales, requiere cambiar los principios, y un principio inherente en los humanos es el del hedonismo (primero el placer y luego el deber). Y en todas las organizaciones siempre existirán “marranitas y marranitos” que primero piensan en sus beneficios, antes que en el de la institución que los contrato. A esto solo tengo que agregar una cosa: antes de formular un propósito o intentar llevar a cabo un cambio, hay que deshacernos de la mentalidad de marranito que existe adentro de la empresa.

A las marranitas de la historia realmente no les importaba cumplir con el propósito que deseaba el granjero, el que quedaran preñadas, ellas se la estaban pasando de lo lindo en cada sesión de apareamiento. Todos somos un poco como los marranitos, nos gusta hacer lo que nos place, aunque no siempre se cumpla el objetivo organizacional. Mas nos vale cambiar, por que si no podemos terminar convertidos en cueritos, carnitas o jamón.

“Los paradigmas siempre controlan a las acciones”.

“Si quieres vivir feliz, no te importe que te crean tonto.”
Seneca

lunes, 8 de diciembre de 2008

8 CONSEJOS PARA IMPLEMENTAR UN PLAN ESTRATEGICO DE NEGOCIOS













Cuando se trata de procesos de negocio críticos –y de millones de pesos o de dólares de por medio–, una buena planeación su mejor aliado.

Cuando Starbucks arrancó operaciones en 1971, Bowker, Baldwin y Siegel –sus fundadores– tenían un objetivo claro: ser los proveedores del café más fino del mundo. Hoy tienen más de 8,000 tiendas en 34 países y cada semana atiende a más de 30 millones de personas y, en promedio, abren cuatro tiendas al día para que la gente pueda disfrutar de un buen café.

Para crecer de manera rentable en una industria global, dinámica y en consolidación, Cemex dirige sus esfuerzos a optimizar sus procesos y adquirir nuevas empresas para llevar sus sacos de cemento a todos los rincones del mundo. De ocupar el lugar 19 en el ranking mundial a mediados de los 80, hoy es una de las tres cementeras más importantes del mundo, sólo detrás de la francesa Lafarge y la suiza Holcim.

¿Qué tienen en común estas dos empresas? Que han basado su crecimiento global y su éxito en buenos procesos de planeación estratégica. Las empresas pueden cosechar grandes recompensas si tienen un mapa que las guíe en su viaje: La Planeación Estratégica.

Un estudio realizado por everis entre compañías líderes de diversos sectores en el mundo fueron identificados ocho factores críticos para llevar a cabo una planeación estratégica exitosa (los cinco primeros tienen que ver con la definición del plan y el resto con la ejecución):

1. Reconocer que la planeación estratégica es uno de los procesos más valiosos de la empresa. “Es parte integral de la alta dirección, y ésta debe involucrarse en el proceso, desde la aprobación del plan hasta el seguimiento”.

2. Adoptar y estandarizar el proceso: establecer objetivos claros, alcance, actividades y tiempos. “El plan estratégico debe ser algo continuo y las empresas deben ser capaces de replantearlo con rapidez, aproximadamente en un mes, cuando el entorno cambia. Esa flexibilidad les aporta valor, porque les permite ver diferentes alternativas del futuro y elegir sobre cuál actuar. La estandarización les da esa capacidad de reacción.”

3 . Distribuir responsabilidades. Una misma persona puede definir y ejecutar el plan, mientras que quien lo aprueba y le da seguimiento debe ser otra. Esta separación de responsabilidades establece planes ambiciosos y factibles: si alguien planea y aprueba su propio plan, puede imponerse metas sencillas, poco retadoras y largos periodos de tiempo para cumplirlas.

4. Conformar el equipo de planeación estratégica. En los organigramas de las empresas exitosas siempre existe una dirección de Planeación Estratégica que reporta directamente al director general o presidente.

Estas áreas tienen tal jerarquía y poder de convocatoria, que el resto de la organización colabora con ellos para alcanzar los objetivos.

Según el estudio el 40% de las empresas que participaron en dicha investigación robustecen el perfil del equipo mediante planes de carrera que incluyen rotaciones en todas las áreas de negocio, y la tasa de retención de ese talento es 10% más alta que las empresas promedio.

5. Discutir estratégicamente, pero con discusiones de calidad. No sólo hay que recopilar información, sino analizarla y deliberar sobre ella. Las mejores empresas dedican el 88% de su esfuerzo de planeación en entender los aspectos críticos del negocio y debatir sobre las alternativas estratégicas.

6. Comunicar la estrategia tanto interna como externamente. Poco más del 72% de las empresas que participaron en el estudio tienen prácticas de comunicación institucionalizadas (comunicados de prensa, reuniones con inversionistas y entidades regulatorias, distribución de material impreso).

7. Establecer compromisos y responsables. Los esquemas individuales de rendición de cuentas, con premios y castigos, son útiles porque motivan a la gente a alcanzar sus resultados.

8. Dar seguimiento: monitorear los avances a través de foros institucionales de seguimiento “que deben realizarse de manera periódica, por ejemplo, cada trimestre”. Las mejores empresas invierten en herramientas tecnológicas, como Business Intelligence y Balanced Scorecard, que les permiten estandarizar las fuentes de información y agilizar sus procesos de seguimiento. La alta dirección es la principal responsable de este seguimiento.

Usted elige: planear adecuadamente y elegir en qué posición quiere que su empresa esté en algunos años, cumpliendo todos los objetivos para alcanzar ese sueño, o navegar como barco a la deriva, viendo cómo lo aventajan sus competidores.

“No hay viento favorable para el que no sabe adonde se dirige”
Seneca

PLANETA INTEGRADO


El proceso de globalización estaría entrando en una nueva etapa, en la cual ningún mercado es demasiado pequeño ni está demasiado lejos para constituirse en una fuente de oportunidades.

Especialistas de la consultora Boston Consulting Group (BCG) afirman que las empresas están entrando en una nueva etapa competitiva que reemplaza al modelo de la globalización.

Según explican Harold L. Sirkin, James W. Hemerling y Arindam K. Bhattacharya en el libro GLOBALITY: Competing with Everyone from Everywhere for Everything (Business Plus, June 2008), el modelo centralizado, de arriba hacia abajo y orientado a procesos está en retroceso y, probablemente, en vías de desaparición. ¿El sucesor? Un modelo en el que las empresas fluyen en todas las direcciones, en el cual ningún mercado es demasiado pequeño o remoto para ofrecer recursos, costos más bajos u oportunidades. "La rápida expansión del comercio hacia todos los rincones arrasará con las empresas que no logren responder a esa tendencia", explica Sirkin.

Para dar idea de la escala del fenómeno, Hemerling equipara la nueva etapa con el momento en que las empresas estadounidenses desafiaron por primera vez a las europeas y cuando las japonesas retaron a las nortemericanas. Los nuevos competidores emergen de economías en desarrollo y saltan a posiciones de liderazgo a escala global. De ellos pueden extraerse lecciones sobre el control de costos, adaptación local, equipos ejecutivos "sin fronteras" y un impresionante crecimiento global:

■ El fabricante de aviones a reacción Embraer pasó a ocupar el primer lugar en la categoría de aviones jet (con menos de 120 asientos) gracias a nuevos conceptos de diseño.
■ La empresa india Aravind Eye Care System, especializada en tratamientos oftalmológicos, modificó el proceso de cirugía de cataratas: ahora hace 250.000 cirugías al año, el 60 por ciento de ellas gratis y aún así es rentable.
■ Los clientes chinos del fabricante de electrodomésticos Haier usaban
lavarropas para lavar batatas. Haier modificó los aparatos para que incluyan un ciclo de lavado de vegetales.

■ La compañía india Bharat Forge, la segunda fundición de automóviles más grande del mundo, cree en la adquisición pero no en la integración. Las unidades de negocio que adquiere mantienen en alto grado su autonomía; la empresa se considera policéntrica.

"Sabemos que los Estados Unidos, al igual que otros mercados firmemente establecidos son cada vez menos centros globales", sostiene Bhattacharya. "Pero las empresas de mercados establecidos tienen una buena posibilidad de competir con éxito si estudian lo que hacen sus retadores de países en desarrollo y se compromenten a transformar sus propios negocios".

Según los consultores del BCG, los fuertes competidores de países en desarrollo tienen algunas ventajas que las empresas líderes de países desarrollados carecen: crecieron en mercados hipercompetitivos, con fuertes desafíos en materia de costos y tuvieron un desarrollo que responde a la globalidad. Tienen acceso a la mejor experiencia, tecnología y prácticas de negocios, y sus ejecutivos, muchos de los cuales estudiarion en los Estados Unidos y Europa Occidental, están sedientos de éxito y decididos a controlar sus propios destinos.

“El talento se cultiva en la soledad; el carácter se forma en las tempestuosas oleadas del mundo.”
Johann Wolfgang Von Goethe

COMO ENCONTRAR EL VALOR ESCONDIDO DE SUS EMPLEADOS


Las empresas necesitan muy buenos empleados. Pero más importante que eso – y más difícil de conseguir – es instalar en las empresas culturas y sistemas donde esos excelentes empleados puedan hacer uso de su talento.

Harvard Business School Press señala que las empresas deben encontrar nuevas maneras de sacar a relucir el conocimiento, experiencia, talento y energía de sus empleados, para encontrar el “valor escondido” en las organizaciones y aprovechar ese valor para lograr objetivos estratégicos.

Ante tal dilema le proponen seis prácticas esenciales:

1.- Coloque en primer lugar los valores y la cultura La característica más visible que diferencia a las empresas extraordinarias de las ordinarias son sus valores, y el hecho de colocarlos en primer lugar. La mayoría de las organizaciones dicen tener valores, que por lo general expresan en una misión y muestran en carteles por toda la institución. En muchos casos no pasan de ser un simple eslogan que provoca sonrisas escépticas.Los verdaderos valores de la empresa se definen como un conjunto de convencimientos acerca de qué es lo que vale para una empresa: los principios que son importantes y que definen, en esencia, aquello que los empleados deben prestar atención. Lamentablemente, a menudo los empleados encuentran discrepancias entre lo que los gerentes dicen y hacen, y así revelan los verdaderos valores por los que se rige la organización (Obedezca órdenes, haga lo que le gusta al jefe, no corra riesgos, lo único que cuenta son los resultados). El resultado es que los empleados no ponen mucho esfuerzo, están siempre a la búsqueda de otro empleo y no cooperan entre sí. O sea: se produce una pérdida fabulosa de capital intelectual.

2.- Haga de los valores algo real Los valores, si no son reales, no valen nada. La alta gerencia debe creer en ellos y actuar en consonancia con ellos. Si el gerente dice una cosa y hace otra los empleados se volverán escépticos y renuentes a actuar según esos valores, por atractivos que parezcan. Haber coherencia entre los valores de la organización y las prácticas que expresan esos valores. Cuando ambas cosas coinciden y se usan adecuadamente, las seis prácticas comunican la importancia de los valores y son coherentes entre sí. En caso contrario destruyen la credibilidad de la gente que invoca los valores.

3.- Contrate gente adecuada Una vez que están claramente definidos los valores y la cultura, la compañía luego diseña procesos que la ayuden a identificar a la gente que mejor encaja en la organización y a descartar a los que no comparten sus valores. Esto a menudo quiere decir vetar candidatos con una lista de necesidades que equilibran habilidades y química. Las empresas que triunfan reconocen que los empleados deben sentirse cómodos en una organización para contribuir al logro de los objetivos de largo plazo. También les permiten dirigir el proceso de contratación, porque los que más conocen la tarea son los mejor indicados para transmitir exactamente a los candidatos lo que se espera de ellos.

4.- Invierta en la gente Una vez realizada la adecuada selección de empleados que encajan en la cultura y coinciden con los valores de la organización, las empresas centradas en la gente dan señales claras a sus empleados de la importancia que pone en cada uno de ellos. Las inversiones que hace una empresa en su gente no tienen necesariamente que ser en capacitación de habilidades. A veces orientan la capacitación a mostrarles explícitamente cómo socializarse en esa cultura. Al hacerlo, transmiten el mensaje a todos los niveles de sus empleados que cada uno de ellos es importante, no como un simple número sino como persona.

5.- Comparta información En muchas empresas la información operativa y financiera no se comparte, pues se lo considera algo que implica un riesgo para la seguridad de la firma o que compromete información competitiva importante. Pero las empresas que se preocupan por su gente, consideran que esa información es vital para el trabajo de sus empleados. Creen que para que realmente se use el capital intelectual de sus empleados, éstos deben comprender en detalle cómo va la empresa y qué está tratando de hacer. esta actitud abierta lleva a compartir la información en todos los niveles de la organización. Por el contrario, aquellos que transmiten la información sólo a quienes necesitan conocerla envían un mensaje negativo a sus empleados: que no son lo suficientemente inteligentes o confiables para manejar la información.

6.- Premie y reconozca la adhesión a los valores Las organizaciones centradas en la gente deben adecuar cuidadosamente sus sistemas de recompensas a sus valores. Esto no siempre quiere decir recurrir al dinero para motivar a los empleados. En realidad, el dinero suele ser un factor mínimo en el sistema de premios de esas compañías. En lugar de concentrarse en el dinero, enfatizan el premio intrínseco de la diversión, el desafío, el trabajo en equipo y el crecimiento. Dan a sus empleados oportunidades para sentirse bien con sus logros, y encuentran formas interesantes y motivadoras de expresar el aprecio de la compañía por los logros y los esfuerzos e sus empleados.

”Apodérate del día; no confíes en el mañana.”
Horacio, poeta romano, año 65 A.C.