domingo, 16 de noviembre de 2008

EMPRESA VIEJA



Se dice que una empresa es vieja cuando pierde flexibilidad. Al igual que los humanos, una compañía puede hacerse rígida y resistente a cambiar sus conceptos y prácticas que “han funcionado toda la vida”.

Lo interesante es que hay empresas viejas de todas edades.

La clave para no perder flexibilidad es el aprendizaje contínuo. Senge, consultor y autor norteamericano, acuñó el término de “organización que aprende” y de ahí se ha desencadenado un movimiento hacia lo que también se conoce como “capital intelectual”.

Edgar Schoen, catedrático del MIT, describe una serie de características y hábitos que las empresas observan y que pueden fomentar, o destruir, el aprendizaje y la creación de conocimiento.

Una empresa vieja separa, secciona y se enfoca en lo tangible. Le da toda la predominancia a medidas tradicionales como utilidades, inventario, datos, producción, competencia, etc. Las empresas modernas también se orientan a la parte “soft” e intangible como las relaciones interpersonales, la moral del equipo y la lealtad de empleados y clientes. La empresa joven integra y armoniza con lo intangible.

Una empresa vieja se enfoca a los sistemas en lugar de a la gente. Es más, para algunos directores la empresa perfecta sería la que fuera operada nada más con robots porque la gente se percibe como un problema. La teoría “X” de Douglas McGregor es la preferida porque afirma que la gente es floja e irresponsable por naturaleza. La empresa moderna cree en la gente; le invierte, le apuesta y espera lo mejor de ella.

Una empresa vieja cree que la gente cambia como una reacción al medio ambiente y como una respuesta a la inevitabilidad de las circunstancias. La competencia, la economía, las variables externas se imponen y nada más queda reaccionar. Por el contrario, la empresa moderna fomenta el cambio y es proactiva. El lema es “nosotros somos responsables de nuestros pensamientos, sentimientos, acciones y de sus consecuencias”.

Una empresa vieja controla, presiona y trae a la gente a raya. Se preocupa por el corto plazo y la adaptabilidad a la circunstancia inmediata. La empresa moderna acepta que sus empleados tengan algo de tiempo libre. Le gusta la gente creativa y que explore nuevos caminos. Quizás el ejemplo más conocido es la compañía 3M, reconocida por su grado de innovación, que espera de su gente que invierta en promedio 15% de su tiempo en proyectos “raros” y personales.

Una empresa vieja se rige por funciones aisladas como si la organización fuera más una versión mecánica que orgánica. La función de finanzas ve el punto de finanzas y ya. La función de mercadotecnia se le asigna a un departamento y todas las áreas se lavan las manos de la parte comercial. La compensación se paga diferente y se mide diferente por departamento. Hay paredes entre áreas y aparecen feudos de poder. Si finanzas domina se afecta a ventas. Si ventas domina, se afecta a administración. Si producción domina se afecta a ventas.

La empresa moderna reconoce que todas las actividades están conectadas y que forman parte de un sistema orgánico. La resolución de problemas y la detección de oportunidades se hacen de manera holística y es común ver equipos interdisciplinarios en acción.

La empresa vieja restringe el flujo de información. Abundan los inseguros que ocultan la información y la manejan como un arma política. Este tipo de empresa diseña su flujo de datos para que no circule libremente fomentando cierto caos de información.

La empresa nueva favorece la comunicación en todos los sentidos. La teoría de Open Management Book sostiene que todos los empleados deben conocer y saber interpretar un Estado de Resultados, un Flujo de Efectivo y un Balance General. No hay secretos. Todo se sabe, todo mundo está enterado y por ende todo el personal sabe hacia dónde ir.

La empresa vieja cree en la competencia individual. La vieja fórmula de poner a dos o más ejecutivos en competencia directa puede degenerar en rivalidad. Este esquema ya es obsoleto. Le resulta caro a la compañía y se afecta seriamente el desempeño en lo que dura la lucha, muchas veces años.

La empresa moderna comparte un sentimiento de equipo y unifica el criterio de que el enemigo es el competidor que está en la calle. La cooperación y la confianza es la parte fundamental del crecimiento.

La empresa vieja tiene a jefes controladores. Tanto jefes como subordinados requieren del jefe dominador, decisivo, invulnerable. Este es el jefe-macho que siempre sabe todo y que nunca se equivoca.

La empresa moderna tiene jefes accesibles que reconocen su propia vulnerabilidad, piden ayuda y solicitan ideas. Son como profesores y estudiantes eternos.

La empresa vieja se obsesiona hacia adentro. Se clava en aspectos como reingeniería, políticas de personal, planes de compensación, equipo de oficina, seguridad, etc.

La empresa moderna se obsesiona y se rige por el mercado además de estar conectada con el mundo exterior. Tomar decisiones desde el escritorio es sumamente peligroso.

Finalmente, la tarea de juzgar y clasificar a una empresa como vieja a nadie le corresponde. Si acaso la única figura calificada para hacerlo sigue siendo el cliente. Nada como el mercado para recompensar o castigar la administración de una compañía.

"La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer."
Bertolt Brecht

sábado, 15 de noviembre de 2008

LECCIONES DE LA MARCA OBAMA












El innovador líder demócrata ha transformado la política en un juego diferente.
Barack Obama tiene su mayor fortaleza entre los jóvenes de 18 a 29 años, un grupo conocido como "generación del milenio" y codiciado por los anunciantes, ya que en 2010 superará en número a los "baby boomers", nacidos en los años de la posguerra. Estos jóvenes son negros, blancos, amarillos y mestizos, pero lo que comparten -los nuevos medios, las redes sociales online, la repugnancia por las campañas de ventas dirigidas de arriba hacia abajo – los conecta más de lo que los divide a nivel étnico.

Su apertura a la manera en que los consumidores se intercomunican, su comprensión del deseo que tienen de "productos auténticos", y su conocimiento de lo que se necesita para establecer una nueva imagen global, son señales valiosas para la gente de marketing de cualquier empresa. Hábilmente, Obama adoptó (y fue adoptado por) Internet.
Su campaña ha representado tanto a las abuelas de los suburbios como a los seguidores de las últimas tendencias, hasta generar nuevas alturas de soporte viral. Y ha sido excepcionalmente exitosa para transformar clics online en prevalencia en el mundo real, mitines en el centro, videos en YouTube y, lo más importante, donaciones y votos.
La pregunta es: ¿cómo? Las redes sociales plantean desafíos a la gente de marketing, no importa qué o a quién estén vendiendo. Los tradicionales mensajes de arriba hacia abajo no funcionan en un ecosistema controlado por las masas. El marketing debe ceder un cierto grado de control sobre sus marcas. Y eso puede ser terrible. Sin embargo, cuando uno lo hace en la forma correcta, ceder control online lo ayuda a desatar su propio poder. Y Obama ha incursionado en ese poder mucho más que cualquier otro candidato presidencial; y mucho más, incluso, que cualquier otro "producto" norteamericano. El arma secreta de su campaña es un joven de 24 años, llamado Chris Hughes.
Cuatro años atrás, Hughes estaba en Harvard, ayudando a lanzar Facebook a sus compañeros de cuarto, unos chicos llamados Mark Zuckerberg y Dustin Moskovitz. Hace poco más de un año, se tomó unas vacaciones con el fin de armar la organización online para Obama.Aportó su gran conocimiento del lado humano de las redes sociales, que tradujo en resultados reales para la campaña. Scott Goodstein, responsable de la estrategia de Web externa de la campaña, Obama llamó a Madati, quien invitó a todos los candidatos a crear perfiles para cada una de las comunidades cubiertas por la organización. Sólo la gente de Obama generó presencias creíbles.
"Actualizan los contenidos prácticamente todos los días, incluso más que Oprah", se maravilla Madati. La idea funcionó. El perfil de Obama en BlackPlanet tenía, en los primeros meses de 2008, más de 450,000 "amigos". Lo que es verdad en política no es menos verdadero en el terreno de los negocios. "Hay un nuevo consumidor, autorizado por la Web, que huele lo falso", advierte Karen Scholl, directora creativa de la agencia de publicidad digital Resource Interactive. La agencia acuñó el término "OPEN brand" (marca abierta), donde OPEN es un acrónimo de "on-demand" (a pedido), "personal" (ídem), "engaging" (atractivo, fascinante) y "networks" (redes), y es un marco para que las compañías piensen en nuevas formas de distribución de sus mensajes de marca. Con Obama, "la gente no sólo siente que sabe quién es; también se siente confiada y comparte sus puntos de vista", apunta Scholl.
Complicado, y más moderno, de lo que parece. Tener una visión e inspirar, o instruir a otros para seguirla, ha sido el sello de políticos y gente de negocios. Pero Obama resume una nueva manera de pensar, denominada "liderazgo adaptativo", que hoy se enseña en instituciones como la Escuela Kennedy de Harvard. Mientras un visionario propone un plan específico, un líder adaptativo trabaja con los representantes para diseñar uno en conjunto.
“Lo inflexible se parte, lo flexible perdura, nunca olvide esto.”
Voltaire

SENTIDO COMUN













Eugene O'Neill, un dramaturgo estadounidense, decía: "Creer en el sentido común es la primera falta de sentido común". Siempre que escucho en una reunión sobre la importancia de pensar y actuar con sentido común me pregunto si todos entendemos realmente de qué estamos hablando.
¿Para usted qué es el sentido común?El diccionario de la Real Academia Española establece que el sentido común es "un modo de pensar y proceder tal como lo haría la generalidad de las personas". Entonces, ¿el sentido común es la forma en que la mayoría piensa y actúa? Si estamos de acuerdo en esta definición, aquellas personas que no piensan y actúan como la mayoría carecen de sentido común.
No estoy de acuerdo con esto.
En 1986, en una investigación para una tesis doctoral se aplicó el siguiente problema de matemáticas a un grupo de niños de primero y segundo grado escolar: "En un barco hay 26 ovejas y 10 cabras. ¿Qué edad tiene el capitán?". De los 97 niños, 76 "resolvieron" el problema sumando 26 más 10". La mayoría de los niños resolvió el problema de esa manera. ¿Quiere decir que ellos actuaron con sentido común y los que respondieron que no sabían, no?Lo que más preocupó a los investigadores es que la mayoría de los niños asumió que le fueron dados todos los elementos para la resolución del problema, muy pocos se atrevieron a contradecir a la mayoría y decir que no se podía conocer la edad del capitán. Porque en los sistemas escolares tradicionales (y en nuestra sociedad) la respuesta honesta: "no sé", es poco valorada. Se prefiere decir un dato "aproximado" o falso antes que aceptar que no conocemos la respuesta.
Un día me sucedió que viajando en carretera, de regreso a casa, me encontré con una desviación que no estaba bien señalada y parecía que había más de una alternativa para seguir. En lugar de detenerme y ubicar mi posición, seguí a la mayoría de los vehículos que parecían conocer el camino. El resultado fue que todos íbamos detrás de un camión que realmente iba para otro rumbo, y tuvimos que regresarnos más adelante. A veces seguir a la mayoría no funciona.
Les voy a platicar una historia que sucedió durante la Guerra de Vietnam. En este conflicto el Gobierno estadounidense estaba muy presionado por combatir ante un enemigo que atacaba en pequeños grupos y se escondía en la espesa jungla. En un costoso proyecto secreto la empresa General Electric y el Ejército desarrollaron un equipo que tenía la capacidad para detectar la presencia de amoniaco en el sudor y la orina humana.El proyecto llevaba el nombre "Snoopy" (como el perrito de la tira cómica) y la tarea consistía en hacer volar a baja altura helicópteros que rociaban ácido clorhídrico sobre la jungla, y al combinarse éste con el amoniaco que emanaba del cuerpo humano se formaba una substancia identificable por el equipo. En donde se detectaba, se disparaba indiscriminadamente desde los helicópteros.Un día los soldados estadounidenses que patrullaban las zonas atacadas se dieron cuenta de que las tropas de Vietnam del Norte, sus enemigos, ya se habían familiarizado con los detectores, así que colgaban de los árboles tinas llenas de lodo y orina.
¿Cuánta tecnología, gasto en investigación y artillería se dedicó a disparar contra tinas llenas de... desecho humano?Lo que llamamos sentido común no es otra cosa que los paradigmas. Como ya lo hemos mencionado antes, el concepto de paradigma fue "puesto de moda" por el célebre Tomas Kuhn, y lo define como: "realizaciones científicas (formas de pensar) universalmente reconocidas (aceptadas) que durante cierto tiempo proporcionan modelos de soluciones...".Los paradigmas son como un mapa, una representación por la cual nuestros pensamientos deambulan. Cuando nos adentramos en territorios desconocidos, si no contamos con un mapa nos sentimos perdidos. Así, al presentársenos un problema inmediatamente recurrimos a nuestros viejos mapas para buscar la salida, recurrimos a nuestros viejos paradigmas.Un mapa nos ayuda a definir nuestra posición con respecto a tres puntos de referencia: dónde estoy, a dónde quiero llegar y qué caminos puedo tomar para alcanzar mi destino.
Si no te da esto, tíralo. Un mapa nos debe ubicar, aporta información del entorno, plantea alternativas de rutas y, lo más importante, proporciona seguridad emocional al viajero.Los paradigmas (al igual que los mapas geográficos) nos proporcionan un sentimiento de certidumbre, nos dan una sensación de familiaridad con el terreno, nos dan la seguridad emocional de que sabemos en donde estamos. Pero la solución a los problemas no está en tener un paradigma o mapa, sino en contar con el adecuado.No basta con aplicar el sentido común (como los niños que enfrentaron el problema de matemáticas), ni invertir en costosos proyectos (como el ejército estadounidense en Vietnam). Mejor revisemos si tenemos el mapa de nuestro entorno, si contamos con el paradigma adecuado a nuestra situación actual. Si no es así, detengamos el camino y definamos: dónde estamos, a dónde queremos llegar y qué rutas podemos seguir. A lo mejor conviene regresar al punto de origen y empezar de nuevo.
"El camino recto y el tortuoso son uno solo y el mismo".
Heráclito

jueves, 13 de noviembre de 2008

ALCANZAR EL EXITO A TRAVES DE LA INSPIRACION














El CEO de Saatchi & Saatchi Kevin Roberts, cerró el primer día de ExpoManagement hablando sobre el poder de la emoción detrás de la atracción de los productos o servicios.

Después de hablar maravillas sobre la Argentina, y de Buenos Aires en particular, se permitió poner en duda las palabras de Michael Porter, su predecesor en el estrado de ExpoManagement: “Creo que el éxito de una empresa está en proporción inversa al tiempo que dedica a la planificación estratégica”.

“Es el tiempo/negocio de la acción. Si nos ponemos en el juego defensivo vamos a perder”.

“El management no tiene muchos secretos: hay que hacer las cosas bien. Para liderar, necesitamos, más allá de las recetas, seguidores. Para tener éxito necesitamos inspiración”.

“Se dice que las personas son el principal recurso. ¡Y es verdad! Pero ante la crisis, lo primero que se hace es despedirlas”.

“En momentos de recesión, es tiempo de decir adiós a las ideas viejas y generar nuevas”.

“Vivimos en un mundo de paradojas. Hay que aceptarlas, disfrutarlas. Toyota es una empresa que entiende la paradoja: son simples y complejos, experimentan y planifican, son frágiles y hacen grandes apuestas.

Me dijeron: Haz de la empresa más respetada, la más amada. La emoción es importante para el negocio de la acción. El 80% de las decisiones son emocionales. La emoción lleva a la acción”.

“Pasamos de la economía de la atención a la economía de la atracción. De la interrupción al compromiso. De informar a inspirar. De muchos a uno. De lo reactivo a lo interactivo (es importante saber cómo se siente ser consumidor, ser empleado). Del ROI al retorno sobre la participación. Del precio a lo que no tiene precio. De la marca a la lovemark (la marca amada). En realidad, la fórmula es amor + respeto”.

“Una lovemark despierta respeto más allá de la razón. La marca tiene que ser irresistible”.

En su presentación, el CEO de Saatchi & Saatchi desarrolló su concepto de lovemarks a través de un cuadrante delimitado por dos ejes: amor -eje horizontal- y respeto -eje vertical. “las lovemarks se encuentran en el cuadrante superior derecho: inspiran amor y respeto. Cuando el amor y el respeto son bajos, estamos hablando de commodities. Las marcas se ubican en el cuadrante alto pero donde el amor es bajo”.

Los tres secretos para atraer:
- Misterio: si conocemos mucho de algo o alguien perdemos interés
- Sensualidad, como en los productos de Apple
- Intimidad: ese leve gesto que va más allá de la razón. La intimidad implica no vender gritando

“Marketing es conectar empáticamente. Internet permite publicar films: un comercial barato, subido a YouTube, conectará con millones de personas”.

“Hay que pasar del verde al azul, pasar de los límites a las posibilidades. El azul representa al optimismo radical, al medioambiente, la sociedad, la economía y la cultura al mismo tiempo. Porque el rol de los negocios es hacer del mundo un mejor lugar para todos”, concluyó.

"La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir".
Mahatma Gandhi

miércoles, 12 de noviembre de 2008

LA ESTRATEGIA TOTAL












A través de una videoconferencia desde Estados Unidos, el especialista en estrategia aconsejó no confundirla con una acción, un objetivo o la visión de la empresa.

Presentado por el presidente de HSM como "la más alta autoridad en estrategia competitiva", Michael Porter comenzó disculpándose por verse obligado a presentarse en videoconferencia desde Boston.

Dividió su presentación en dos partes. En la primera se dedicó a definir con precisión el significado y el papel de la estrategia, y a diferenciarla de la misión o las metas. Y en la segunda se refirió a la estrategia en tiempos de crisis.

Dijo que es pensamiento habitual entre los gerentes que hay que competir para ser la mejor empresa del sector, cuando en realidad de lo que se trata es de ser únicos. No se debe fomentar una competencia en la que nadie puede ganar. ¿Cuál es el mejor auto? Esto depende de cada cliente, respondió. No hay alguien mejor para todos. Por eso se debe pensar que competimos para brindar un valor único a los clientes. El desafío es satisfacer las necesidades de los clientes que hemos decidido atender.

El peor error en la estrategia es competir en el mismo terreno del otro. Si el competidor tiene el mejor servicio posventa, el error es tratar de tener el mejor servicio posventa.

No confundir estrategia con alguna acción como fusionarnos o tercerizar. Eso no es estrategia. No confundir estrategia con un objetivo, como ser la número uno. No confundir estrategia con visión.
Tenemos que pensar en el núcleo central de la estrategia: definir cómo vamos a hacer para ser únicos.

Objetivos apropiados: un retorno superior sobre el capital invertido, y recién luego de tener rentabilidad, pensar en el crecimiento, porque el crecimiento sin rentabilidad no tiene sentido.

Comprender la industria en la que actuamos. La rentabilidad que importa es la rentabilidad relativa respecto del promedio de la industria, eso es posicionamiento. Y es un indicador del desempeño.
Determinantes del desempeño relativo: diferenciación entre precio y costo. Precios más altos y costos más bajos determinan la ventaja competitiva.

La ventaja competitiva se obtiene por saber realizar su negocio de manera más efectiva. Toda empresa tiene su propia cadena de valor. Hay que buscar ventajas en la cadena de valor. Una forma es la efectividad operativa (mejores prácticas).

El primer desafío es asimilar esas mejores prácticas (una tecnología, un paquete de software). Pero la efectividad operativa no es estrategia ni lleva a una ventaja relativa. Todas imitan las mismas prácticas.

Hay que crear una nueva forma de competir. El desafío es alcanzar una posición estratégica singular.

La estrategia tiene que ver con cinco desafíos o pruebas:
1. Una propuesta de valor única y singular.
2. Conducir nuestra empresa de manera diferente.
3 Haber adoptado soluciones de compromiso.
4 Integrarse en toda la cadena de valor.
5 Continuidad (una posición tiene que mantenerse).

Dio el ejemplo de IKEA (Suecia) como empresa con una propuesta valor única y una estrategia clara acerca de a quién apuntar, cómo y a qué precio.
Recomendó a los asistentes preguntarse qué clientes trata de atender su empresa; qué necesidades de estos clientes satisfacen, y a qué precio relativo.

Otra cosa muy importante es la noción de los trade-offs estratégicos (a qué elementos renunciar o qué cosas no hacer). Volvió al ejemplo de IKEA para señalar que ellos renunciaron a cierta calidad de la madera y a los diseños complejos, en beneficio de lo funcional y práctico.

Frente a la crisis actual
Al analizar las circunstancias actuales y el temor que sienten las empresas, recomendó en primer lugar tener una agenda positiva, es decir no sólo decidir que dejar de hacer, sino buscar algo positivo para hacer y comunicarlo a los empleados.

En segundo lugar, refocalizarse en la estrategia. En momentos como los actuales no se pueden seguir cometiendo errores. Hay que adoptar la mayor claridad, focalizarnos en lo que vamos a hacer y en lo que no vamos a hacer.

Los fundamentos económicos: dónde está el dinero en nuestro negocio. Comprender esos fundamentos. Analizar de otra forma los estados contables. Y no reaccionar exageradamente. Los clientes se ponen más exigentes durantes las crisis y tratan de aprovecharse del mercado deprimido. Hay que conservar la propuesta de valor, pese a las presiones.

“No hay viento favorable para el que no sabe adonde se dirige”

Seneca

martes, 11 de noviembre de 2008

MIDIENDO AL QUE MIDE














Imposible medir a las empresas con una sola variable o en una sola dimensión. La métrica tradicional de contabilidad y finanzas parece cada día más limitadas ante el nuevo entorno de competitividad.
Este cambio se percibe hasta en el corazón del Instituto Mexicano de Contadores Públicos donde su ex -presidente Antonio Gómez Espiñiera deja en claro la transformación de un contador histórico y de registro, hacia a un contador que funcione como “Un Asesor Confiable de Negocios”, como lo mencionó hace poco en un evento, aunque para que un contador sea un verdadero “Asesor Confiable de Negocios” primero deberá ser un autentico Estratega con Vision (No solo en los números) y conocimiento pleno del entorno general donde se encuentren fincados los negocios en cuestión (No solamente la parte financiera, sino la parte de tecnología de la información, innovación, creatividad, publicidad, etc.) de los negocios asi como las principales tendencias que pudieran impactar en la generación del Plan Estrategico del Negocio……………..…..Realmente habla de un Contador??

Las medidas tradicionales se antojan insuficientes para reflejar la forma de gestión de empresas y su potencial.
Un ejemplo burdo pudiera ser el del administrador de empresas que en aras de presentar números magníficos en la mejora de utilidades-altamente motivado por su bono anual- le da en la torre a gastos “intangibles”, como por ejemplo: investigación y desarrollo, publicidad, inversión en sistemas, capacitación, creación de marca, relaciones públicas y comunicación interna.

Aunque el recorte de estos gastos no repercute directamente al corto plazo, el daño que se hace es inmenso. Una cosa es cortar grasa y otra cortar músculo. Bajarle al denominador (el numerador visto como ingresos, el denominador como gastos) no tiene chiste.

Otra variación se da cuando a la compañía se le ve más como negocio financiero que como negocio por la operación (compra-venta y emisiones a la Wall Street). Esto es cada día más frecuente y naturalmente dispara otro tipo de administración de empresas que se basa en variables diferentes.

Algunas otras variables que impactan a la gestión de empresas son: la base de compensación del ejecutivo (precio de la acción, UAFIR-flujo de efectivo, utilidades netas, EVA, o adquisición de clientes), y el tiempo. El éxito en un trimestre, semestre, o año puede ser el resultado directo del sacrificio del mediano y largo plazo del negocio; y viceversa.
La métrica tiene que cambiar.

Una propuesta puede ser el famoso Balanced Scorecard, de Kaplan (Harvard) y Norton (Renaissance Solutions), que es un método de medición integrador que busca balancear las fuerzas y las variables críticas del negocio.

A continuación se describen cuatro dimensiones básicas que debe estar presentes en cualquier medición y evaluación que se haga sobre el negocio.
1) DIMENSION FINANCIERA: retorno sobre la inversión y EVA (economic value added, que le asigna un costo al capital invertido y le exige un rendimiento); Una variable importante, sobre todo por las circunstancias de la infraestructura financiera de México, es la capacidad de generar flujo de efectivo. Flujo sin rentabilidad es menos grave que rentabilidad sin flujo, cuando menos por un tiempo.

2) DIMENSION DEL CLIENTE: satisfacción del cliente, retención (bajar rotación de clientes), y el porcentaje del total de compras en el giro que representa nuestra compañía.
Aquí está el pecado capital de muchas compañías en México. La retención y desarrollo de clientes son actividades medulares en un mundo con más oferta, más competencia directa y más información.
Según sea la industria, un cliente nuevo cuesta desde 5 hasta 12 veces más que un cliente que ya tenemos.
No es lo mismo que en la empresa A se le vayan 1000 clientes, adquiera 1200 y crezca neto 200; a que en la empresa B se le vayan 50 clientes, adquiera 250 y crezca neto los mismos 200.
La economías detrás de las dinámica mencionada arroja resultados dramáticamente diferentes. La empresa B, puede llegar a tener niveles de rentabilidad de varios miles porciento más altos que los A. Basta con ver la estadística propuesta por Reicheld, Baines Consulting y Hesser de Harvard.

3) PROCESOS INTERNOS: calidad, tiempo de respuesta, costo, e innovación de productos.
Los procesos pueden ocurrir simplemente, o pueden planearse con intención y ejecutarse para soportar el ángulo estratégico de la compañía. Como dice Michael Porter, si una actividad del proceso no está creando una ventaja competitiva, entonces está creando una desventaja.
Si esto dice Porter de una actividad, imagínense lo que dirá de un proceso completo.
Este punto también se relaciona con el servicio al cliente, que es en parte un reflejo del servicio que adentro se respira. Cuando adentro de la empresa se juega lucha libre o a esa-no-es-mi-bronca o a yo-soy-tu-cliente-interno-y-te-friegas, necesariamente se afecta al cliente.

4) APRENDIZAJE Y CRECIMIENTO: satisfacción y lealtad de los empleados y la accesibilidad a sistemas de información.
La cultura de la empresa, el conjunto de valores, hábitos y normas, es el último peldaño en la competitividad y ventajas de una compañía. Una cultura adecuada, que aprende, se adapta y capitaliza, eventualmente hace lo correcto y consigue lo necesario. Y una cultura adecuada se tiene que construir todos los días, no se puede comprar.
Finalmente, una de las frases más interesantes de Albert Einstein es: “Nuestras Hipótesis Determinan Lo Que Medimos”. Aunque también se pudiera decir que Nuestras Mediciones Determinan a Las Hipótesis.

"Lo único que interfiere con mi aprendizaje es mi educación."
Albert Einstein

lunes, 10 de noviembre de 2008

INCREMENTALISMO



Una de las prácticas empresariales más comunes es el incrementalismo. Un incrementalismo mal concebido consiste en establecer metas y “estrategias” en función de mejorar el desempeño contra el año pasado, aunque el precio sea que la compañía sufra en tres o cuatro años más delante.

Llegar a una cifra superior a la del año pasado no siempre es sencillo, pero el verdadero reto es construír ventajas competitivas.

Un incrementalismo se puede manifestar en 3 tipos de administración:
1.- Eficiencia vs. Eficacia: ¿el presente por el futuro?
La eficiencia no es lo mismo que la eficacia.
Eficiencia es hacer las cosas bien, en términos de recursos-producto; eficacia es hacer las cosas correctas, en términos de relevancia y rumbo.
Vender más con el mismo personal, bajar gastos de administración y eficientar costos de manufactura, son medidas de eficiencia. ¿Pero de qué sirve la eficiencia si vamos al rumbo equivocado? ¿Para qué si vamos derecho al precipicio?

El enfoque predominante de la elaboración de “estrategia” anual suele girar alrededor del EBITDA (siglas en inglés de la métrica financiera mayormente aceptada ­ganancias antes de intereses, impuestos y depreciación), y de ahí se descompone la cifra y se determinan las implicaciones operativas.
Incrementar las ventas en x %, bajar los gastos en z %, subir la eficiencia en w %, forman la esencia del ritual anual de superar el año o el período pasado.

Pero uno de los problemas que puede presentarse es que haya ejecutivos que intencionalmente, o por la simple presión o inercia, inflen al negocio durante el período que estiman estar al frente de la administración o “hasta donde aguante”, debilitando a la empresa y preparándola para un fracaso espectacular, pero cuando ellos ya se encuentren lejos en la playa disfrutando de sus bonos anuales. Algo así como un virus programado para atacar cuando el autor está lejos.
Para que cuadre el EBITDA suelen cortarse gastos que son fundamentales para la evolución sana de las empresas.

Los más comunes son: disminuir gastos en rubros como el publicitario, investigación, desarrollo y capacitación; así como la desinversión en el capital de marca y el desarrollo de sistemas de información.
Respecto a la Reingeniería, vista como una técnica de optimizar el uso de recursos, el mismo Michael Hammer, declaró en el Wall Street Journal que anda en busca de un concepto mejor que la reingeniería. “El verdadero punto es el crecimiento de largo plazo del ingreso. No es tanto el deshacerse de la gente. Es más bien sacar más de la gente”.

2) Administración bajo el esquema de “la papa caliente” En el establecimiento de metas incrementalistas parece que todo mundo se pone de acuerdo: los accionistas ponen la meta de EBITDA, la compensación de los ejecutivos se ata a estos compromisos, y las expectativas en el mercado de valores también se alinean. Entonces más vale que se cumplan los números.
En este contexto se puede derivar otro negocio dentro del negocio. El negocio financiero. Los socios pueden orientarse más a la ganancia financiera y de mercados, o a la simple transacción de acciones, que a la utilidad que genera la compañía en sus operaciones normales.

La idea es: comprar, “vestir bien al camello” para que sea apetecible en la bolsa, y vender participación accionaria a un precio con utilidad.
El problema es que las inversiones fundamentales y las broncas se le endosan a quién le toque la papa caliente. Cuando por fin estalla la bomba, el grupo de administradores, accionistas e intermediarios financieros ya es otro.

3) Desincronización del Entorno.
La fuerza del cambio obliga hasta a las marcas más famosas a reinventarse constantemente. Ahí están los casos de Disney, Levi’s, HP y no se diga los tropiezos de íconos empresariales mexicanos como Serfín, Bufete Industrial, Salinas y Rocha, Grupo Sidek y AHMSA.
La era de ser dueño de activos fijos, de infraestructura en maquinaria, de hardware y de terrenos -todo lo que se relacionaba antes como un negocio sólido- está siendo bombardeada por habilidades en administrar información, procesos y conocimiento.

Ejemplos de negocios “del hoy”: Estafeta, logística y operación; Neoris, maquila de software y desarrollo; Wal Mart, distribución y sistemas de bajo costo; Aerobus, precios sumamente accesibles, conexiones de alto margen y flexibilidad.
Las medidas “soft” no tradicionales, tales como: moral del equipo, satisfacción del cliente, alineamiento de la misión articulada, valores compartidos, capacitación y capital intelectual, son variables esenciales pero que la contabilidad tradicional ignora olímpicamente.

Una de las peticiones que hace Warren Buffet, el hombre más rico del mundo, a sus directores de empresa es: “maneja el negocio como si fuera a durar 50 años, como si fuera el único patrimonio de tu familia y como si nunca lo pudieras vender”. Este enfoque es mucho más que incrementalista.

“Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas”.
Blaise Pascal