miércoles, 4 de noviembre de 2009

PECADO OCHO: NEGACION




































“De ninguna manera, yo nunca lo haría. Así no soy yo”. Es fascinante observar cuando una persona niega categóricamente algo que es totalmente obvio para los demás. Y paradójicamente, en el grado que se le presiona a que reconozca una conducta o deseo, en ese mismo grado se defiende porque no permite que la posibilidad, o la idea, entre a su psique en función de que amenaza a su propia imagen del ego.

Freud le llamó Mecanismos de Defensa a los diferentes tipos de operaciones que conforman un patrón de conducta protectivo contra aquello que genera ansiedad, culpa o algún otro sentimiento desagradable.

Entre los mecanismos más conocidos están la represión, negación, proyección y racionalización. Brevemente los defino:
La represión se encarga de rechazar, inconscientemente, algún deseo o pulsión manteniéndolo fuera del consciente. Conviene aclarar que este proceso de “guardar” en el subconsciente no desvanece la energía. Jung, discípulo emancipado de Freud, afirmaba que la carga psíquica no desaparece sino se transforma: "el principio de equivalencia significa que por cada unidad de energía que se expende o se consume en traer determinada condición, una cantidad igual de la misma o diferente tipo de energía aparecerá en otro lado; mientras que el principio de constancia significa que la suma total de energía permanece constante, y no es susceptible de incrementarse o decrementarse".
La negación es el proceso que, cuando lo reprimido “brota” a nivel de la conciencia a través de un señalamiento, o evento, provoca que la persona confronte determinada represión negándolo, como diciendo: “esto no es mío, de ninguna manera”. Adicionalmente, cuando la persona se defiende típicamente lo hace cargada de intensidad emocional y de exaltación ¡“cómo crees que soy capaz de esto”!

La racionalización, que quiere mantener ocultas las verdaderas motivaciones a base de explicaciones, frecuentemente a posteriori, lo trunca todo a base de “lógica”.

La proyección consiste en que el material reprimido se observa fuera de uno mismo y se le atribuye a otras entidades. Las cosas y personas objeto de la proyección en realidad funcionan como un espejo que muestra partes de nosotros que no hemos integrado. Una buena manera de darse cuenta de este proceso, que como los citados son inconscientes, es observar todo aquello que te genera una emoción intensa, tanto de odio como de fascinación absoluta. 

Estos mecanismos son relevantes porque a pesar de que estoy hablando de empresas y organizaciones, son los individuos los que toman las decisiones de asignación de recursos; dónde y cómo competir. Una empresa exitosa necesariamente demanda ejecutivos con cualidades inter e intra personales.

 Otro estudioso de la materia, Johari, lo describe en términos de que las personas tenemos cuatro ventanas o dimensiones:
1 (pública): yo sé de mí y tu sabes de mi;
2 (privada): yo sé de mi y tu no sabes de mi;
3 (ceguera personal): yo no sé de mi y tu sí sabes de mi;
 4 (desconocida): yo no sé de mi y tu tampoco sabes de mi.

A donde voy es que conceptos, y habilidades, como la introspección, reflexión, confrontación con uno mismo, capacidad para vivir y operar con duda personal, ambigüedad, ambivalencia, ansiedad, tienen una relevancia contundente. Ejecutivos atormentados, que no saben, o no quieren, lidiar con su psique, o simplemente lo reprimen todo, tienen una caducidad para liderar con éxito una empresa.

Un ejecutivo desconectado de él mismo puede llevar el negocio, en una buena racha, hacia el éxito pero será incapaz de adecuarse a nuevas etapas y circunstancias cambiantes. Cuando la batalla personal, la interna, es tan grande o ya no puede simplemente reprimirse más, la batalla empresarial, la externa, queda minada y sin energía.

Es que finalmente el negocio es una resultante de la condición del psique de sus líderes. Un líder seguro y afrentoso se pregunta cómo competir globalmente y tiene la irreverencia necesaria para atacar frontalmente a competidores de cualquier parte del mundo. Mientras que un líder que vive en la negación opta por atrincherarse en su cuartel y se preocupa en cómo defender su territorio.

Lo anterior, me lleva a hablar de dos tipos de estrategias.

La estrategia defensiva consiste en el conjunto de esquemas que se encargan de defender la posición actual de la empresa –en particular el marco mental, la actitud competitiva, y la intención estratégica-- y que se asemejan a los mecanismos de defensa freudianos, entre otras cosas, porque se utilizan para justificar un estado ideal que no existe, una posición insostenible, una realidad manufacturada.

La estrategia ofensiva coloca sobre la mesa las limitaciones personales --y casi podría decirse que son las mismas que determinan las limitaciones organizacionales— para confrontarlas y así reconectar a la empresa con la realidad, al mismo tiempo que se implantan iniciativas innovadoras para ganarle un paso a la competencia.

El escenario ideal es que mientras nuestra empresa se abre a las discusiones filosas y, hasta cierto punto, personales, que buscan romper los mecanismos de defensa del equipo directivo, la competencia tenga un líder que vive en negación, uno que se aferra a “su” realidad, que niega la fuerza de un competidor nuevo, que minimiza los cambios en el mercado. 

Es que si se vive en negación, lo malo ocurre allá: aquí no pasa nada, o al contrario: una oportunidad, lo bueno, se percibe como amenaza porque cambiaría la configuración organizacional actual y haría obsolescente los sagrados procesos, que tanto trabajo costó implementar, y se opta por no verla, ni siquiera explorarla.

Y cuando ya no se miran las oportunidades en un negocio, o incluso en lo personal, es cuestión de tiempo para que la empresa exitosa deje de serlo.  
  
“Cuando estás negociando con personas, recuerda que no estás negociando con criaturas de la lógica, sino criaturas de la emoción.”

Dale Carnegie

martes, 3 de noviembre de 2009

PECADO SIETE: INCREMENTALISMO


























Sísifo era un rey en la antigüedad que tuvo la osadía de desafiar a los dioses, por lo que recibió un castigo infinitamente reiterativo: tenía que empujar una gran piedra redonda a la cima de una colina para que, justo cuando estaba por llegar y culminar su labor, ésta rodara irremediablemente hacia abajo obligándolo, una y otra vez, a volver a empezar. 

En este escenario, las opciones sólo giran alrededor de la productividad: hacer lo mismo con menos, a través de velocidad o fuerza. No le queda otra opción a Sísifo porque el castigo no permite la desviación de rumbo, ni cambio de actividad, ni siquiera de colina, ni de piedra, ni de nada. 

Así están miles de empresas en el mundo: haciendo lo mismo, ciclo con ciclo, año con año, donde el reto más grande es:
1- Vender Más  y/o  2.-Gastar Menos. 

La elaboración del presupuesto anual, el que va a regir la actividad del año que entra, se ha convertido es un ritual tedioso pero bastante simple: se le sube un porcentaje de incremento en ventas y/o se le baja un porcentaje de decremento en gastos. 

Muchos hemos visto como ventas de fin de año se posponen hasta Enero “porque como quiera ya cumplí con el presupuesto de ventas, no me lo vayan a subir más”, y también como gastos no ejercidos a finales de año se gastan “para que no me lo quiten el año que entra”. 

No quiero minimizar la utilidad del presupuesto, por lo menos provee una sensación de  certidumbre y control; lo que quiero es cuestionar el pensamiento implícito tras este ejercicio basado en la extrapolación de ejercicios anteriores. La suposición es: que la empresa ya está haciendo lo correcto, pero no lo está haciendo lo suficientemente bien; por eso el presupuesto se enfoca en variaciones contra el año pasado.
 
Esto es terrible porque supone no sólo que lo que se ha hecho hasta ahora está bien, sino que seguirá funcionando, por lo que el reto entonces queda reducido a una cuestión de grado aniquilando al proceso de estrategia: la urgencia mata a lo importante; lo táctico mata a lo estratégico; la extrapolación mata a la imaginación; la continuidad elimina la posibilidad de una discontinuidad; el cómo mata al qué.

Por diseño, la organización se vuelca hacia objetivos cimentados en variaciones contra el año pasado y se cierra a la exploración de nuevas oportunidades. Al medirlo todo de esta manera, la gestión de empresas, por definición incierta y compleja, se sobresimplifica hasta el exceso y la ventaja competitiva actual queda erosionada. 

En la llevada de cuentas variantes, la empresa no se da tiempo ni forma para conocer la razón de por qué les va extraordinariamente bien, hasta que les va extraordinariamente mal.  

La empresa exitosa que llegó a su cenit se acostumbró a los crecimientos consistentes y obsesivamente procura se mantengan, dejando sin espacio a la innovación; atrapada en la eficiencia operativa renuncia a la eficacia estratégica.

La eficiencia agarró elegancia cuando alguien le llamó productividad pero a final de cuentas es lo mismo: maximizar el producto ante determinados insumos. La productividad sigue siendo una métrica relevante pero no determinante cuando a ventaja competitiva se refiere. Es como seguir hablando de calidad total, reingeniería, economías de escala; son conceptos valiosos pero difícilmente constituyen ventajas competitivas.

La eficacia estratégica, por el contrario, se centra en el mundo de lo cualitativo, en la diferenciación hacia el mercado, en la segmentación sofisticada, en la elaboración de propuestas de valor complejas y orquestadas hacia atrás—difíciles de copiar-- pero entregadas de manera sencilla hacia delante. 

¿Cómo combatir al incrementalismo? Utilizándolo. Como el principio está tan arraigado en la empresa es mejor utilizarlo como palanca para disparar un esfuerzo organizacional.

Si es tan sacrosanto el presupuesto, entonces ahí hay que construirle un espacio. Hay que asignarle una cifra para invertir en innovación y experimentos estratégicos que tengan el espíritu de identificar nuevas oportunidades para el negocio. 

En la medida en que la empresa vaya asimilando el valor de la discontinuidad y la innovación, en esa medida los proyectos pueden ir haciéndose de mayor plazo, inversión y complejidad.

Al tiempo que se asigna un presupuesto y un mecánica organizacional, se asignan métricas nuevas, o se revaloran las que ya se tienen, tales como: % sobre las ventas en proyectos de innovación, número de procesos en innovación implementados, número de proyectos llevados a prototipos, número de productos y/o servicios y/o procesos innovadores, % de ventas de nuevas iniciativas, rentabilidad de nuevas iniciativas.

Naturalmente que también se cambian las formas de evaluar al personal y no se diga las variables a considerar cuando se recompensa. El perfil del personal tendrá que modificarse eventualmente, o por lo menos la mezcla entre administradores (mantener)  e innovadores (cambiar).

Y en este camino hacia la discontinuidad y la innovación, la estrategia central del negocio se revive; es como abrir el sistema nuevamente. Al abrirse el sistema se multiplican los posibles vectores de acción, se incrementa el número de escenarios estratégicos, se reta a la propuesta de valor, se aprecia que las amenazas no son tan pocas ni tan pequeñas. 

Para algunos directivos esto puede resultar sumamente incómodo y regresan a manejar su negocio en base a variaciones presupuestales; pero otros se aguantan la incomodidad, se enfrentan a sus propias limitaciones y se zambullen en la incertidumbre. No se trata de más de lo mismo, ni de ser mejor. Se trata de ser diferente, original y, si se puede, único.


Si no tiene una idea buena, simple y diferenciadora, más vale que tenga un precio excelente".

Jack Trout

PECADO SEIS: FUGA DE TALENTO






























Los héroes salen, no se quedan en su casa. Eso fue lo que le dijo Tetis a su hijo Aquiles cuando éste le pidió consejo sobre si ir a la guerra de Troya o quedarse a gobernar Mirmidón; y Aquiles se fue.
Lo mismo han hecho millones de mexicanos que se han ido a Estados Unidos a través de las décadas. México, y Latinoamérica en general, pierde su talento porque se van los más aguerridos, los que tienen el arrojo y se apuestan a ellos mismos. A diferencia de lo que se cree, no son los desempleados los que emigran, los que dizque "no tienen opción"; se van los que están bien y quieren estar mejor.
En una encuesta de casi 5 mil mexicanos, levantada por el Pew Hispanic Center, se encontró que apenas un 5 por ciento de los entrevistados mencionó estar en Estados Unidos por razones de desempleo.
El arrollador 95 por ciento afirmó que buscaba superarse y mejorar económica y socialmente.
"Nuestra percepción tradicional es que los inmigrantes ilegales mexicano ese no es el caso. El desempleo no es la motivación fundamental s están desesperados y que son propensos a cometer crímenes, pero. El motivador típico es la oportunidad y mejorar los prospectos de largo plazo", dice Rakesh Kochhar, responsable de la investigación.
Y no sólo se van los que tienen poca educación y/o que componen la población C y D; también allá se quedan los que estudian su carrera, maestría o doctorado, que tras sus estudios consiguen empleo y ya no regresan. Hay miles de profesores latinoamericanos impartiendo clases en las más prestigiosas universidades del mundo; me ha tocado conocer a algunos de ellos y ninguno dice que regresará a su País; lo extrañan, sobre todo la comida, pero allá harán su vida. Cuando los confrontas de por qué no regresan, encojen los hombros y ocultan su verdad, como no queriendo ofender.
La energía creativa de México, el perfil arriesgado, aventurero, que puede soportar la incertidumbre y la alienación que provoca estar inmerso en un sistema que no es el nativo, nos abandona todos los días. Las divisas que mandan los emigrantes a sus familias no alcanzan a cubrir el costo de la pérdida de talento. Descontamos el daño que le trae a nuestro País porque no vemos la cifra limpia o la vemos muy "en el futuro".
Además, México sigue rezagado en crecimiento y está hundido en un desgaste desesperante de politiquería de quinto mundo. Desaprovechamos recursos, nos perdemos en lo trivial, no hay acuerdos, no hay autoestima, carecemos de imaginación; el sueño de México no existe y optamos por perseguir el american dream.
Así como los arrojados y talentosos se van del ambiente mediocre, también se van de los ambientes donde la innovación y el cambio están estancados. Se van de la empresa exitosa que se relaja con el éxito, que deja de luchar, que se conforma y cae en zona de confort; los dos extremos del continuo funcionan como expulsores de talento.
En este tipo de ambientes las estructuras se hacen rígidas; no hay un incentivo para cambiar, sino hacia reforzar –replicar— el mismo modelo que ya probó ser exitoso. La energía se centra a preservar lo que se tiene y los elemento nuevos, ya sean ideas, procesos innovadores, pensamiento original, son vistos como disruptores indeseables; el sistema está cerrado y ya nadie puede entrar.
De ahí que el talento nuevo, el que necesariamente sube de puesto en las discontinuidades, en las crisis, en los movimientos caóticos, expansivos o de diversificación, no encuentra espacio.
Es que en un ambiente rígido el espacio siempre estará ocupado y no habrá forma de asumir posiciones de liderazgo. El talento joven, de espíritu flexible y abierto, se siente apabullado por la inflexibilidad y cerrazón; entonces se impacienta, no puede soportar la apatía frente a las oportunidades, extrapola y concluye que no tiene futuro. Si se queda en la empresa a luchar, lo más probable es que acabe siendo la oveja negra y eventualmente será señalado como chivo expiatorio; se le sacrifica, la cohesión de grupo se agranda y se consolida la configuración estática.
Por eso mejor el talento se va, y lo hace porque tiene opciones, porque puede colocarse en otro lado, emprender un negocio o salir del País; mientras que los que se consideran que no tienen opciones se quedan donde están, aferrados a su empleo actual, reforzando el clima organizacional de rigidez. A este último grupo le puedes "quitar las medallas", cambiarlos de puesto, hacerles demociones, bajarles el sueldo, y ahí se quedan.
La fuga de talento es un sistema de alarma muy bien establecido: si se va uno de los buenos, ok, si se van dos, tres, cuatro, entonces ya es una tendencia de alerta. Si la empresa reacciona diciendo: "allá ellos, se arrepentirán", se ratifica la patología. Si la frase "nadie es indispensable" se hace dogma, entonces los que quedan ya no corren riesgos ni toman iniciativas; se repliegan y se atrincheran.
También puede ser un tema del perfil de jefe que se rodea de gente que le toma la medida y sólo “le sigue la corriente”. Mientras que el talento a veces puede ser un tanto abrasivo; puede disentir o argumentar rumbos alternos.
El jefe que tiene seguridad en sí mismo escucha opiniones en contra, debate y finalmente toma su decisión, mientras que el inseguro acaba por rodearse de gente que siempre le da la razón. Este tipo de subordinado renuncia a su propia personalidad y se modela alrededor de los complejos del jefe; no hace olas, no menea el barco; sí señor, no señor, lo que usted diga.
De los ocho pecados de las empresas exitosas, la pérdida de talento quizá sea el más lamentable porque justamente es la gente talentosa la que puede sacar de apuros a una empresa y/o catapultarla hacia una nueva dimensión.
Sin el quién, el qué y el cómo lucen imposibles; primero quién y lo demás vendrá solo.

“Uno se defiende cuando dispone de medios suficientes; y ataca cuando dispone de medios más que suficientes.”

Sun Tzu

lunes, 2 de noviembre de 2009

PECADO CINCO: UNI-DIMENSIONALIDAD























Heráclito, desde del período clásico, descubrió una de las leyes más intrigantes de la naturaleza: la función regulativa de los opuestos. Le llamó enantiodromia, que significa que todo eventualmente fluye hacia su opuesto. La vida es un sistema de autorregulación y, si no hay oposición, no puede haber balance ni energía. 
Basado en este principio, le llamé uni-dimensionalidad  a la empresa que, alimentada por el éxito, se aferra, consciente o inconscientemente, a lo que le ha funcionado en el pasado y persigue sistemáticamente el mismo vector. Y esto tiene todo el sentido del mundo: si algo ya funcionó sería ineficiente no utilizarlo aunque, infelizmente, no es así de sencillo.
Lo excepcionalmente exitoso es producto de la uni-dimensionalidad. No se puede ser centrado, multidimensional, y moderado cuando se trata de innovaciones. Si se es "promedio" en todo, nunca se romperá el molde y quedarás destinado a ser “promedio”.
Es justamente el exceso obsesivo-compulsivo el que finalmente logra sobresalir y crear algo nuevo para el entorno. No hay un emprendedor exitoso que no tenga exceso de algo; que no haya pecado de extremista, de radical, de terco.
La paradoja es que una energía hacia un lado te genera necesariamente otra energía al lado contrario. No es fácil asimilar la idea de que la gracia que nos trae la consecución de un vector, de la implementación de una dirección estratégica, también puede llevarnos a la desgracia; es decir, lo que hacemos con disciplina y tenacidad no sólo produce la ventaja competitiva que deseamos sino que al mismo tiempo se convierte en la semilla de la desventaja.
Un vector implica otro en la dirección opuesta: si una empresa decide realizar una expansión acelerada, esto acabará por desequilibrarla y demandará un esfuerzo de consolidación; y viceversa: la consolidación llevada al extremo acabará por ensimismar a la compañía, entramparla en la rutina, disipar energía, caer en entropía, y entonces demandará un esfuerzo de caos, desequilibrio y expansión. Es como un círculo cerrado o como la curva lemniscata de Bernouilli (el signo de infinito).
La innovación te desorganiza y demanda estabilidad; una rentabilidad alta demanda liquidez; la variedad en el portafolio de oferta impacta negativamente a la eficiencia; un esfuerzo de diversificación de mercado demanda mayor atención a la penetración de mercados.  
Michael Dell escandalizó al mundo cuando asumió la posición exactamente contraria del vector de venta directa y decidió que la marca de computadoras Dell estuviera a la venta a través de los canales de distribución tradicionales. Cuando lo cuestionan sobre su cambio radical de estrategia dice: “la venta directa fue una revolución, no una religión”.  

Pero no sólo es un tema de que la unidimensionalidad te hace vulnerable en el otro frente del vector, sino que las condiciones de mercado se transforman, el entorno se modifica, los consumidores cambian sus gustos, llegan competidores nuevos.

Habrá divisiones geo-políticas entre naciones pero en realidad son regiones económicas donde las fronteras cuentan poco y los mercados las rebasan fácilmente. Tu competidor no es sólo el que está en la esquina del frente; también es uno que vive a miles de kilómetros y quiere quitarte tu trabajo, mejorar tu producto, invadir tu canal de ventas. El golpe, la agresión comercial, puede venir de lugares remotos y el día menos esperado.

El aferrado a la unidimensionalidad tiende eventualmente a quedar desincronizado del entorno, anacrónico, irrelevante, fuera de sintonía.

La empresa unidimensional siente que posee el Santo Grial, la vara mágica, la fórmula secreta del alquimista; por eso se confía y un día amanece con el ojo morado, la nariz sangrando, el labio partido. 

Es que cuando la receta falla viene un desconcierto terrible. El equipo directivo se confunde, se irrita, y empieza a buscar culpables. Se da el escenario ideal para los chivos expiatorios y ovejas negras; llegan los despidos, el ambiente se hace hostil. 

¿Y cómo reacciona la empresa? Hace más de lo mismo, con mayor convicción, y lo que logra inconscientemente es acelerar su caída; cuando lo que se requiere es entender otros ángulos y aproximarse al reto con ojos nuevos. Se tiene que evitar el reflejo condicionado de prescribir la receta de siempre, la que lleva a la compañía a sentirse bien porque es terreno conocido y todos saben exactamente su rol.

¿Cómo hacer para no caer en la unidimensionalidad? Procurando la doble misión de optimizar el negocio actual y darse permiso de asignar recursos para la exploración:

1.- Asimilar que en la búsqueda de una fortaleza se siembra simultáneamente la semilla de una debilidad.

2.- Plantear esfuerzos diseñados para conciliar los opuestos con nuevas métricas y esquemas de compensación.

3.- Asignar tareas concretas para buscar nuevos vectores.

Por un lado te afianzas en lo que estás y por el otro te dispones a innovar con experimentos constantes, pequeños y exploratorios; y los persigues, los alimentas, los dejas crecer, les inyectas recursos. 

Lo que sigue es la perseverancia. Los proyectos nuevos son los más fáciles de abandonar porque son los que menos se les ha invertido y los que menos garantía de ingreso tienen; pero el costo de abandonarlos es enorme porque se manda un mensaje terrible para la organización: la lectura es “ni para qué intentarlo”, y se hacen “inmunes” a la siguiente iniciativa de cambio. 

Si el proyecto-problema lo eliminas en su etapa inicial sacrificas al aprendizaje. Los proyectos de este tipo se conciben no como un fin en sí mismo, sino como un proceso tentativo que se adapta sobre la marcha. El mercado te habla si te afanas en entenderlo 
pero requiere de interacción en vivo.

“No encuentres la falta, encuentra el remedio.”

Henry Ford

domingo, 1 de noviembre de 2009

TRYVERTISING: PRUEBE, SI LE GUSTA LO LLEVA



















Se trata de una variante de 'product placement', que se basa en permitir al cliente que pruebe los productos antes de comprarlos. 

Cuando una marca lleva muchos años en el mercado, y por tanto, cuenta con una cantidad de cliente "fieles", resulta complicado convencerlos de lo contrario, aún más si no están dispuestos a probar otras opciones. 

Como solución a este problema, algunas empresas han optado por generar nuevasestrategias dirigidas a generar la "duda" dentro de ellos. Una de ellas es el denominado Tryvertising. 

La idea es permitir al potencial cliente probar el producto cuando le parezca oportuno, sin recibir presiones del fabricante ni los vendedores. Con esta fórmula, las marcas buscan entablar un diálogo más íntimo con su consumidor. 

Público de Elite
El Tryvertising está ideado para consumidores que se interesan en productos de altoprecio. Este segmento de clientes valora positivamente que se les permita experimentar con un producto antes de adquirirlo. 

Efecto Viral 
El Tryvertising es una metodología en la que el efecto se propaga hacia aquellas personas que rodean al experimentador, a quienes tarde o temprano les comenta sus impresiones.

La siguiente lista describe algunos beneficios que su empresa y el marketing en general podrían obtener con la aplicación de esta técnica: 

1. Proporciona una experiencia agradable a consumidores escépticos, evitando venderles un producto en el que NO confían.

2. Los consumidores son cada vez más inmunes a los mensajes publicitarios. Hemos de valorar el implantar nuevas manera de comunicación y promoción.

3. Fomenta el 
uso, aprendizaje e introducción de "nuevos productos". 

4. Le permite diferenciarse de la competencia.

5. Facilita el establecimiento de un diálogo directo y fluido de confianza con nuestros clientes.



“Si no tienes ganas de sentirte frustrado, desea sólo aquello que depende de ti.”

Patrick Kings