viernes, 11 de septiembre de 2009

SINTOMAS DE UNA MALA GESTION EMPRESARIAL













Conozca si las actitudes y decisiones de los encargados de los procesos de formación, afectan o no a su empresa.

Cada una de las actitudes o decisiones que demuestran una inadecuada gestión directiva, tienen su efecto en el desempeño de los equipos de trabajos, y por ende, de toda la organización.

Este tipo de situaciones hace referencia a la necesidad de optimizar el desempeño de los líderes de la organización a través de la formación académica.

Y si bien es cierto que un programa de desarrollo no alcanza a modificar totalmente las conductas de las personas, sí apoya de modo significativo el desarrollo de competencias que permitirán contribuir al mejoramiento de los resultados.

En este sentido, se exponen a continuación algunos de los síntomas que indican la necesidad de una intervención en capacitación para los gerentes, jefes y líderes de procesos:


1. Existe poca planeación del trabajo que realizan con los equipos de trabajo.

2. Casi nunca se reunen con personas del equipo para organizar el trabajo.

3. No se caracterizan por ser puntuales y cumplidos en sus compromisos con clientes internos y externos.

4. Pocas veces evalúan los resultados de su trabajo y el de su equipo.

5. Hace mucho que no toman un curso de actualización sobre los temas relacionados con su trabajo.

6. No establecen relaciones con personas de otras áreas o empresas para hacer mejor su trabajo.

7. Se les percibe como muy estáticos y no desarrollan alternativas para satisfacer la necesidad de sus clientes.

8. Sus decisiones no son rápidas y en ocasiones tampoco son acertadas.

9. Hacen un inadecuado manejo de los conflictos que se presentan con clientes y compañeros de trabajo.

10. Los llamados de atención los hace en público sin medir las consecuencias de ello.

11. Pocas veces reconocen en los demás el trabajo bien hecho.

12. Su trabajo no necesariamente sirve como ejemplo a los demás.

13. Casi nunca enseñan a los demás sus conocimientos.

14. Sus tiempos de trabajo dependen más de los horarios que de los resultados.

15. No siempre mantienen buenas relaciones con sus compañeros.

"A veces es más fácil vivir en la mentira".

(Atrapame si Puedes) Tom Hanks


martes, 8 de septiembre de 2009

ASI DE FACIL















Me sorprende todavía escuchar respuestas simplistas a problemas complejos, ¿no le sucede a usted lo mismo? Esto me ocurre con bastante frecuencia, con hojear el periódico para leer la multitud de pronunciamientos simplistas que surgen como soluciones para problemas realmente complicados. Algunos típicos ejemplos de respuestas simplistas: "Para acabar con la pobreza basta con repartir más recursos entre los más necesitados"; "Se puede disminuir la delincuencia aumentando la rigidez de las condenas"; "El problema de la educación se resuelve aumentando el número de escuelas"; etcétera.

Imagínese que fácil resultaría todo si las causas de los problemas fueran realmente las que aparecen a simple vista. Esto me recuerda una conversación que sostuve hace algunos años con un cliente, él me decía que las ventas de sus productos andaban por los suelos y que había resuelto despedir al gerente de ventas y llamar a los vendedores para que le explicaran "de una buena vez" qué es lo que sucedía con las ventas. Yo inicialmente sonreí, pensando que estaba bromeando, pero inmediatamente me percaté que hablaba en serio. Tuve que componer el gesto y decir: ¿Realmente cree que así va a solucionar el problema?

Primero que todo le tuve que explicar al cliente que si pensaba llamar a los vendedores a su oficina iba a escuchar los mismos argumentos que escuchó su antiguo gerente de ventas: problemas de precio, falta de apoyo promocional, mayor flexibilidad en los créditos, etcétera. Nada nuevo. Nunca iba a escuchar algo que era evidente: los productos se estaban quedando obsoletos y el estilo de liderazgo de la empresa estaba afectando la motivación de todos los empleados. Pero nadie le iba a comentar esto, por la sencilla razón que él (como dueño) era el responsable de ambas actividades: compras y ser el líder formal de la organización. ¿Conoce usted a algún valiente que le diga a su jefe los verdaderos errores de la organización? Yo sí conozco a unos cuantos.

Imagínese a un vendedor diciéndole al propietario de la empresa: "Todos somos parte del problema, incluyéndolo a usted; si usted no cambia su estilo de liderazgo, las cosas no van a cambiar, y los resultados de la organización no mejorarán sustancialmente". Lo sabemos, aunque no es pecado hablar con la verdad, es muy remota la posibilidad de que un empleado sea 100 por ciento asertivo con el dueño, especialmente en nuestra cultura. Estamos muy mal acostumbrados a evitar ser cuestionados, creemos erróneamente que poseer la autoridad implica obediencia absoluta.

Mire, le voy describir otro ejemplo, hace algunos años un joven matrimonio fue a visitar a un especialista para resolver ciertos problemas de comportamiento de su hijo de cinco años. El especialista escuchó a los padres describir el problema y atendió al niño, y en una reunión posterior les comentó: "Me parece en este caso que su hijo es el síntoma de ustedes, ¿existe algún problema o situación especial en la pareja, o con uno de ustedes?". ¡Duro y a la cabeza! El galeno sabía que los niños son como esponjas, absorben todo lo que perciben del hogar y eventualmente lo proyectan. De manera que el infante sólo reproduce lo que ve y siente del entorno familiar. Así de fácil.

Este asunto de los jefes y los padres como parte fundamental de los problemas para algunos es muy lógico y razonable, pero a otros les cuesta trabajo afrontarlo. Por esto todavía algunos piensan en resolver problemas con soluciones simplistas, arreglando sólo una parte del sistema y no el todo. Les voy a poner otro ejemplo más común: el típico caso de la persona que desea dejar de fumar. Como todos sabemos, la nicotina causa una fuerte adicción, pero también ayuda a reducir la ansiedad. De manera que fumar no es sólo cuestión de hábito, es también una forma de manejar una sensación "incómoda", como lo es la ansiedad.

En algunos casos, las personas que dejan de fumar empiezan a comer más, especialmente golosinas. Eventualmente esto hace que la persona gane unos kilos de más y esta situación de obesidad le va a representar cierta ansiedad. De manera que en unos meses (o años) la persona va a regresar al consumo de cigarros y así controlará de nuevo la manifestación del verdadero problema: la ansiedad. Es curioso, pero esto no lo mencionan los remedios para combatir el tabaquismo que salen anunciándose en la televisión, ¿verdad? ¡Claro que no!, porque algunos de nosotros todavía preferimos las soluciones simplistas, no atacar la raíz de los problemas. Preferimos atacar los síntomas, no las causas.

Es por demás, nos gustan las soluciones que parecen responder a un "¡así de fácil!", como si los problemas se pudieran resolver en microondas, en cuestión de minutos. Nos cuesta trabajo aceptar que los caminos fáciles nos llevan eventualmente de regreso al mismo lugar donde empezamos. Nos resulta muy complicado entender que a veces la causa y el efecto no están próximos en el tiempo y el espacio, buscamos la causa a los problemas de hoy en el ayer, no hace seis meses. Y así, nos vamos haciendo "como el Tío Lolo"... Todo esto lo comento porque ya viene el cierre del año calendario, no empecemos a buscar culpables de los resultados anuales en los demás. La principal causa de puede estar en el espejo. Así de fácil.

"Dime cómo me mides y te diré cómo me comportaré".
Elijahu Goldratt

COMO GANAR EN TIEMPOS DIFICILES




















En épocas normales, cuatro fronteras limitan el alcance y la naturaleza del negocio de una empresa: las regulaciones la competencia, las actitudes de los clientes y la capacidad de cambio de la organización.

La mera supervivencia es la primera estrategia en la que piensa la mayoría de los gerentes cuando se enfrenta a una crisis financiera. Sin embargo, los más sagaces se dan cuenta de que un período de gran incertidumbre, con un panorama financiero y competitivo que cambia de la noche a la mañana, puede ser el momento ideal para obtener una importante ganancia estratégica.

Douglas Daft, CEO (presidente ejecutivo) de Coca-Cola, lo sabe bien. En 1997, cuando conducía las operaciones asiáticas de la compañía, vio cómo se profundizaban las devaluaciones y las inversiones de capital se volvían más inestables, mientras la tormenta financiera recorría gran parte de Asia.

En medio del pánico generalizado, convocó a sus ejecutivos a una serie de talleres, destinados a determinar cómo podía Coca-Cola capturar nuevas oportunidades de crecimiento y salir fortalecida de una situación tan traumática. Después de todo, la empresa había hecho uno de sus mayores avances en los mercados internacionales apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, cuando descubrió nuevas oportunidades en el panorama desolador de Europa Occidental.

Daft decidió poner énfasis en las oportunidades de adquisición que, según estimaba, surgirían de la confusión. En los años siguientes, Coca-Cola compró una empresa embotelladora en Corea del Sur, con lo que mejoró su acceso, tanto a los pequeños comercios minoristas de ese país, como a los mercados chino, japonés y malayo. La compañía dejó de mirar el mercado país por país, y adoptó una visión estratégica más regional. En ese contexto, adquirió varias marcas locales de café y té.

Transformó, además, su área de compras, concentrando y renegociando las compras de aluminio, café, PET (plástico para envases) y azúcar. Pero no sólo las multinacionales extranjeras pueden sacar ventaja de las alteraciones que se producen en los mercados emergentes.

A comienzos de la crisis asiática, el Housing & Commercial Bank (H&CB) de Corea del Sur era una entidad de mediana envergadura, controlada por el gobierno, orientada al otorgamiento de créditos hipotecarios. Su rendimiento era mediocre y su capitalización de mercado no superaba los US$ 250 millones.

No obstante, el banco tuvo en Kim Jung Tae un CEO audaz, que supo aprovechar una circunstancia muy útil —el hecho de que, durante una crisis, los empleados están más dispuestos a aceptar cambios— para reestructurar la compañía y modificar su organización, su estrategia y su cultura. Los cambios regulatorios relativos a las fusiones abrieron la puerta, en el 2001, a la fusión del H&CB con el Kookmin Bank.

Poco antes de concretarla, la capitalización de mercado del H&CB era ya de US$ 2.100 millones, y la entidad se había convertido en el primer banco de Corea del Sur que cotizaba American Depository Receipts (ADR) en la Bolsa de Nueva York (recibos depositarios norteamericanos: valores negociables emitidos por un banco comercial de los Estados Unidos que representan acciones de una compañía extranjera).

Consideremos también el caso de Roust, una empresa que aprovechó la debacle rusa de 1998 para transformarse, en apenas tres años, de distribuidora de productos de consumo especializada en marcas líderes de alcohol, en un holding de empresas que incluye un banco líder que fue creado desde cero.

Para realizar esta transformación se requerían agallas, pero Roustman Tariko, CEO de Roust, vio la oportunidad: los numerosos bancos del país que habían quebrado tenían importantes instalaciones y disponían de talentos que podían adquirirse a precios económicos. El ingrediente que faltaba —el dinero— era algo con lo que Roust, afortunadamente, contaba. En seis meses, Tariko elaboró un sólido plan de negocios, que utilizó para reclutar a los mejores gerentes senior de los otros bancos y crear el Russian Standard Bank, que es hoy una de las principales instituciones que ofrecen créditos para consumo y crece a un ritmo de tres dígitos por año.

¿Cómo hacen las empresas para llevar a cabo estas transformaciones en medio del caos? Los ejemplos mencionados sugieren un enfoque común que consiste en reconocer que, junto a la conmoción, la incertidumbre y la amenaza, se abre un nuevo panorama de cambios amplios y radicales.

Los ejecutivos que están más atentos flexibilizan sus presunciones habituales sobre las fronteras que delimitan sus negocios. Coca-Cola ya sabía que la actitud local hacia los extranjeros estaba cambiando, y que aumentarían las oportunidades de adquisiciones debido a la crisis asiática. En suma, que era el momento ideal para ampliar la participación de mercado.

H&CB sacó ventaja de los cambios regulatorios y de la nueva buena disposición de sus empleados para aceptar la transformación. Roust incursionó en el negocio bancario mientras los líderes de esa industria caían.


MAS ALLA DE LAS FRONTERAS

En épocas normales, son cuatro las fronteras que limitan el alcance y la naturaleza del negocio de una empresa: las regulaciones, la competencia, las actitudes de los clientes y la capacidad de cambio de la organización. Pero en tiempos de crisis los límites suelen sufrir drásticas modificaciones, y esas fronteras cambiantes pueden convertirse en los medios para que las compañías mejoren su posición competitiva.

Al entender cómo afectan las fronteras a un negocio antes de que sobrevenga la crisis, y cómo podrían cambiar durante la convulsión, los ejecutivos están preparados para capturar oportunidades estratégicas.


CAMBIOS EN LAS REGULACIONES


Las restricciones regulatorias están contempladas en los principales supuestos de la mayoría de las empresas. La gerencia da por sentado parámetros tales como el tipo de emprendimiento o de mercado en los que la compañía puede incursionar, el tipo de productos o servicios que puede vender y la máxima participación de mercado que se le permite capturar.

Sin embargo, es probable que durante una crisis muchas de esas regulaciones sean flexibilizadas, o directamente eliminadas. En Corea del Sur, por ejemplo, la Fair Trade Commission, organismo encargado de aprobar las fusiones, mantenía, antes de 1997, una posición dura frente a la concentración en la industria.

Pero, cuando el gobierno debió luchar para reestructurar el deteriorado sistema financiero del país, muchas de las fusiones bancarias que hasta ese momento eran impensables se tornaron factibles. Y fue precisamente ese cambio el que permitió al H&CB fusionarse con el Kookmin Bank en 2001, creando así un gigante sin precedentes en la banca surcoreana.

La participación de mercado del H&CB trepó del 11 al 26 por ciento en el rubro depósitos; del 29 al 44 por ciento en préstamos al comercio minorista, y del 5 al 24 por ciento en préstamos corporativos.

También los límites a la propiedad extranjera pueden liberalizarse, o bien abandonarse por completo, como consecuencia de la crisis. Por ejemplo, en la mayoría de las grandes economías asiáticas, los niveles permitidos de propiedad extranjera en la banca subieron, en algunos casos, de menos del 50 por ciento al 100 por ciento, si bien Malasia fue una excepción destacable. Cambios similares se produjeron en otras industrias, creando nuevas oportunidades para los jugadores extranjeros.

La desregulación puede, asimismo, liberar la demanda contenida del consumidor y crear nuevas industrias, prácticamente de la noche a la mañana. Durante la crisis de 1994 en Brasil, el gobierno transformó ampliamente la regulación de los servicios financieros personales. Se dictaron nuevas normas que consideraron a los fondos comunes de inversión como entidades legalmente independientes de los bancos, y se les permitió a los emisores de tarjetas de crédito operar con una serie de marcas.

Como resultado, los activos de los fondos comunes de inversión administrados treparon de prácticamente cero en 1994, a más de US$ 120.000 millones en 1996. En el mismo período, el volumen de transacciones con tarjeta de crédito aumentó de US$ 10.000 millones a US$ 26.000 millones. Las entidades que se adelantaron a la transformación vieron despegar su negocio.

Las crisis financieras no sólo impulsan cambios regulatorios, sino que permiten a las empresas influir sobre ellos. GE Capital, por ejemplo, pudo negociar en Japón con los entes reguladores del seguro cuando, en 1998, el gobierno intentaba encontrar una salida para las tribulaciones de esa industria. GE recapitalizó a una empresa en dificultades, Toho Mutual Life Insurance, mediante un acuerdo de US$ 1.100 millones; a cambio, el gobierno aceptó reducir, mediante una norma regulatoria, la tasa de interés sobre las nuevas pólizas, de un promedio no rentable del 4,75 por ciento a otro mucho más rentable del 1,5 por ciento.

Los ejecutivos deben trabajar siempre sobre la hipótesis de que las regulaciones pueden ser modificadas, especialmente en el momento crucial de un colapso.



CAMBIOS EN LA COMPETENCIA


Podría creerse que los líderes de una industria son los que están mejor posicionados para manejar una tormenta financiera. Sin embargo, un incumplimiento del pago de intereses, interrupciones en la cadena de abastecimiento, o una pérdida de confianza de los acreedores o inversores, pueden derribarlos rápidamente, abriendo la puerta a nuevos ingresantes y modificando la dinámica del negocio.

Tras sus respectivas crisis, en 1994 y 1997, tanto el ranking de las diez mayores empresas mexicanas como el de las diez principales compañías surcoreanas, se modificaron con una frecuencia doblemente más alta, y la concentración creció, en muchas industrias, a pasos agigantados.

La convulsión suele ser mayor en los servicios financieros. Durante la crisis de 1994 quebraron tres de los diez mayores bancos privados de Brasil, y varios bancos estatales fueron privatizados, lo que derivó en una concentración y una mayor participación extranjera.

Para fines del año 2000, cinco de los diez principales bancos de Brasil eran recién llegados, y los activos de los de propiedad extranjera dentro de ese grupo líder habían crecido de cero a US$ 63.000 millones (13 por ciento del total de los activos bancarios). Los bancos de propiedad extranjera en Brasil tenían, en conjunto, el 30 por ciento (US$ 133.000 millones) de los activos bancarios de ese país.

En Rusia, la historia fue muy similar: cinco de los diez bancos que, hasta 1996, eran los más grandes del país, para el 2001 habían quebrado, mientras que instituciones como el Alfa Bank pasaron de una relativa oscuridad a ocupar un lugar preponderante entre los principales bancos. La situación se repitió en cada uno de los países.

Los pequeños jugadores locales que han sido golpeados fuertemente por la crisis son, en algunas oportunidades, adquiridos por empresas más grandes, por lo general extranjeras y que tienen un mayor espectro de operaciones. En el sudeste asiático, la producción de cemento estuvo dominada hasta 1997 por empresas nacionales, muchas de ellas ineficientes. Hoy, la mayoría son de propiedad extranjera. Holcim, el gigante suizo del cemento, es uno de los recién llegados al mercado.

Después de más de una década de buscar oportunidades para expandirse en Asia, finalmente compró participaciones importantes, y en muchos casos mayoritarias, en compañías cementeras acorraladas por la crisis en Tailandia (Siam City Cement) y Filipinas (Alsons Cement y Union Cement), y más recientemente en Indonesia (PT Semen Cibinong).

Al mejorar las habilidades de gestión de esas compañías e instalar nuevos directorios, convirtió a empresas deslucidas en duros competidores: por ejemplo, Siam City Cement quintuplicó su participación de mercado en los tres años posteriores a la adquisición. Este escenario se repitió en varias industrias de todo el sudeste asiático.

El pensamiento convencional señala que, cuando un mercado experimenta rápidos cambios, conviene postergar nuevas inversiones y suspender potenciales acuerdos de fusiones o adquisiciones. Sin embargo, la experiencia de muchas compañías que fueron exitosas en períodos de crisis financiera demuestra lo contrario.

Entre agosto y diciembre de 1997, cuando el caos se adueñó de Asia, se concretaron más de 400 acuerdos por un total de US$ 35.000 millones en la región (sin considerar Japón), lo que representó un aumento de más del 200 por ciento respecto del mismo período del año anterior.

Sin duda, resultaría peligroso ignorar que estas adquisiciones plantean mayores riesgos durante una crisis financiera. No obstante, los acuerdos pueden estructurarse de modo de adaptarse a ellas. Por ejemplo, en 1997 la empresa belga de cerveza Interbrew negociaba con la surcoreana Doosan la venta de su compañía cervecera Oriental Brewery (OB).

Dada la incertidumbre del mercado y los rumores de inminentes cambios en la legislación sobre bebidas alcohólicas, las dos empresas acordaron un conjunto de pagos condicionales destinados a zanjar las brechas existentes en las expectativas de valor futuro.

Interbrew compró una participación del 50 por ciento en OB, contemplando desembolsos adicionales si se producían cambios específicos en la estructura de la industria o en las leyes tributarias. Apelando a la creatividad, Interbrew y Doosan cerraron un acuerdo “ganador” para ambas partes.


LAS ACTITUDES DE LOS CLIENTES: EVOLUCION


Cuando muchos pierden sus empleos, y a veces también sus ahorros, sus exigencias como clientes cambian. En esas circunstancias, los que fabrican o venden al público productos destinados a segmentos de menores recursos, están naturalmente bien posicionados para prosperar.

La suerte de la empresa indonesia Ramayana, dedicada a la venta minorista con descuento, e ignorada hasta entonces por una creciente clase media interesada en marcas globales y productos de lujo, empezó a mejorar en 1997 cuando, al desplomarse la rupia, moneda local, el poder adquisitivo del público descendió notablemente.

Los gerentes de Ramayana respondieron manteniendo los precios, ofreciendo versiones de sus productos en envases con menores cantidades, y brindando artículos de la canasta familiar como aceite, arroz y azúcar, a precios accesibles.

Mientras las tiendas por departamentos orientadas al segmento más alto y al mercado masivo veían declinar sus ventas, las de Ramayana aumentaron un 18 por ciento en 1998, en el peor momento de la crisis. La investigación de McKinsey muestra que, después de 1997, los consumidores de muchos mercados asiáticos se volvieron más receptivos a los nuevos productos financieros, los nuevos canales y las instituciones extranjeras.

Entre 1998 y el 2000, también cambió abruptamente la actitud de los consumidores hacia el crédito: por ejemplo, el segmento que consideraba imprudente endeudarse se redujo del 46 al 26 por ciento en Corea del Sur, del 52 al 42 por ciento en Malasia, y del 55 al 45 por ciento en Filipinas.

En muchos países, el público habitualmente cauteloso en materia fiscal se embarcó en una verdadera fiesta de endeudamiento: entre 1998 y el 2001, el monto de los créditos al consumo aumentó un 30 por ciento en Corea del Sur y un 129 por ciento en China. Cambios similares en la demanda se observaron también en otras industrias.


Otra cosa que puede modificarse es la percepción del público respecto de las empresas extranjeras. Mientras en 1994, por ejemplo, sólo el 47 por ciento de los surcoreanos propiciaba el ingreso de inversión extranjera directa, para marzo de 1998 casi el 90 por ciento lo respaldaba.

Los surcoreanos reconocieron que el país necesitaba, no sólo capital extranjero, sino también la tecnología y las nuevas prácticas de gestión que las empresas inevitablemente traerían.

El presidente electo Kim Dae-Jung desempeñó un papel clave en la tarea de convencer a la nación de los beneficios de la inversión extranjera, recurriendo a los ejemplos de la industria automotriz y la de servicios financieros del Reino Unido, en las cuales, si bien pocas empresas son de propiedad británica, abundan los trabajos bien pagos. Entre 1997 y 1999, el ingreso de inversión directa extranjera a Corea del Sur pasó de menos de US$ 7.000 millones a más de US$ 15.000 millones.

Las empresas extranjeras que responden rápidamente a tales cambios de actitud cosechan los beneficios. Antes de la crisis asiática, el Citibank luchaba por expandir sus operaciones en la región. Poco después de los disturbios de mayo de 1998 en Indonesia, el banco abrió 75 minisucursales en las cuatro principales ciudades del país.

En la mayoría de los casos, esas oficinas contaban solamente con un cajero electrónico y un empleado; sin embargo, esta modesta inversión permitió al Citibank incrementar el número de cuentas en un 300 por ciento.

En Singapur, mientras tanto, durante los primeros días de la crisis los empleados del banco saludaban en el aeropuerto a quienes llegaban de Indonesia, con carteles que decían: “¡El Citibank los va a ayudar!”. En los años siguientes, el Citibank invirtió más de US$ 200 millones en Asia. Según uno de los gerentes del Citigroup, la crisis “nos dio oportunidades antes impensables”.

LAS ORGANIZACIONES CAMBIAN

Para los ejecutivos dispuestos a realizar movimientos audaces, la crisis puede ofrecer la oportunidad de transformar drásticamente las operaciones y la cultura de la compañía, ya que accionistas, empleados y acreedores reconocen por igual que las cosas deben cambiar, y la resistencia se disipa. Para los líderes visionarios, es el momento de rediseñar la estructura de poder, ajustar el tamaño de la organización, crear una cultura más sólida y más orientada al desempeño, y deshacerse de las vacas sagradas.

En el H&CB, por ejemplo, durante la crisis de 1997 y 1998 el CEO Kim Jung Tae realizó cambios sin precedentes en la organización. Primero, fijó altos objetivos de desempeño (un rendimiento del activo del 1,5 por ciento y un rendimiento de la inversión en acciones del 25 por ciento), tomando como modelos a la estadounidense Wells Fargo y la británica Lloyds TSB.

Kim decidió que el H&CB podía “convertirse en un banco de clase mundial, y en uno de los 100 mayores bancos minoristas del mundo, en tres años”, una aspiración ambiciosa para un banco mediano y mediocre de Corea del Sur.

Sin embargo, la época tumultuosa le permitió respaldar sus palabras con hechos: recortó el 30 por ciento del personal en tres meses, y durante el primer año se asignó para sí un salario de sólo un won surcoreano (menos de US$ 0,01), recibiendo el resto de su compensación en stock options (la opción de comprar acciones, a futuro, a un precio preestablecido).

En Corea del Sur, estas medidas resultaban, como mínimo, muy poco convencionales. En los dos años siguientes, Kim lanzó más de 20 iniciativas de mejoramiento del desempeño, en áreas como estrategia de precios, créditos al consumo y servicio al cliente.

Para mejorar la rendición de cuentas y facilitar la evaluación del desempeño de las divisiones del banco, abandonó el enfoque geográfico y las reorganizó como unidades de negocios orientadas al
cliente. Aumentó la parte de la compensación basada en el desempeño, y modernizó el sistema de bonificaciones.

Antes de la crisis, estas reformas radicales eran impensables. Tras ella, fueron aceptadas por los empleados y por otras partes interesadas, de manera tal que las ambiciosas metas de desempeño de Kim se alcanzaron en dos años.

En tanto, Ayala, un conglomerado de Filipinas con 168 años de historia, siempre se había enorgullecido del pacto social establecido con sus empleados: un trabajo para toda la vida. Sin embargo, inmediatamente después de la crisis financiera de 1997-1998, la gerencia entendió que la empresa debía renovar sus fuentes de talento si quería seguir siendo competitiva, y dio el paso sin precedentes de ofrecer un programa de retiros voluntarios.

Una y otra vez hemos visto que las crisis impulsan a los gerentes y accionistas a reconsiderar los métodos de gestión locales y a acercarse a los estándares internacionales de mejores prácticas en áreas como la dirección, la administración de personal y la contabilidad. Las empresas que hacen esas reformas están mejor ubicadas para emerger como líderes del mercado cuando la tormenta pase.


APROVECHAR EL DIA


Pero, para aprovechar al máximo una crisis, no basta con reconocer que las reglas han cambiado y buscar nuevas oportunidades. Si en tiempos normales una compañía puede tomarse meses para gestionar los pagos demorados de los mayoristas, durante una crisis cada día marca una diferencia crucial.

Ese ambiente puede castigar duramente a las empresas que tarden en ajustarse, pero ofrece la posibilidad de enormes recompensas a las que son rápidas y flexibles. Moverse velozmente significa, en muchos casos, ser la primera en entrar a un mercado aunque el futuro de éste aún se presente incierto. Para ello hace falta coraje, pero la recompensa puede ser grande.

Consideremos la experiencia de Lone Star Funds, el primer inversor que adquirió activos de bancos de Corea del Sur que estaban en dificultades. A través de una licitación en la que compitió, en diciembre de 1998, con un reducido número de inversores, obtuvo su primera cartera de préstamos no redituables de la Korean Asset Management Company (KAMCO, una entidad gubernamental encargada de la liquidación de esos activos), por sólo el 36 por ciento de su valor libros.

Ser los primeros en hacerlo sonaba riesgoso. Si bien nadie había comprobado la liquidez de esos activos en el mercado, la audaz tarea dio resultado, según señaló Steven Lee, gerente de Lone Star en Corea del Sur, y la cartera generó un retorno anualizado muy significativo.


En la siguiente licitación de KAMCO, en junio de 1999, 14 inversores presentaron ofertas y los precios aumentaron. Establecer estrategias en tiempos de crisis exige agilidad de piernas, y obliga a evaluar continuamente las cambiantes circunstancias. Los ejecutivos más brillantes analizan en forma semanal, e incluso diaria, los cambios que se verifican en las fronteras de sus compañías.

Si bien conducir en la tormenta puede ser muy difícil, los gerentes no tienen que perder de vista los cambios requeridos para que la compañía emerja fortalecida de la crisis, y deben analizar cómo influir sobre esos cambios antes de que los competidores lo hagan.

Las crisis financieras golpean y paralizan no sólo a los países, sino también a las empresas. Sin embargo, los ejecutivos más avezados advierten que el escenario cambiante brinda la posibilidad de explotarlo, y de obtener grandes ventajas.

Al mantenerse calmos mientras los cautelosos y los desanimados se repliegan, y seguir de cerca los cambios que se producen en los ambientes regulatorio, financiero y político, los mejores administradores de crisis han logrado convertir a las circunstancias desafortunadas en oportunidades únicas para el éxito de sus empresas.


"La única manera de ser seguido es correr más rápido que los demás"

Picabia.


EL TODO Y SUS PARTES




















En los últimos años se desató una tendencia por interpretar y administrar las relaciones humanas con el propósito de mejorar las condiciones de las empresas, como dice Tom Peters: "Todos invertimos en relaciones, es una actividad única del ser humano, y hasta ahora las empresas están empezando a preocuparse en invertir y conservar relaciones duraderas".

Los once elementos

Para entender la forma en que se establece la dinámica de las relaciones en un contexto empresarial (por ejemplo en una interacción clienteñproveedor) conviene revisar los siguientes conceptos:

1.- Colaboración

¿Hasta qué punto la empresa y sus clientes entablan una relación basada en la colaboración? Entre mayor sea al grado de colaboración entre las partes, mayor será el grado de involucramiento del cliente con la empresa. Una empresa que colabora con su cliente mantiene una sólida relación.


2.- Compromiso

Cuando una relación es importante se presenta una mayor dependencia entre las partes y, por lo tanto, mayor compromiso en hacer que la relación funcione. ¿Está usted comprometido con sus clientes en la misma medida que desea que ellos se comprometan con usted?

3.- Confianza

El éxito en una relación recibe el nombre de confianza, y para lograrla no sólo es necesario cumplir las expectativas sino reducir el riesgo y la incertidumbre ante lo desconocido. ¿Cómo está el nivel de confianza entre la empresa y los clientes?

4.- Poder

La distribución equitativa del poder, entre las partes que comparten una interacción, siempre mejora la relación; cuando el poder recae en una de las partes involucradas aumentan las posibilidades de deserción. Una relación desigual de poder atrae disputas entre las partes y genera rencor.

5.- Duración de la relación

Entre mayor es la duración de una relación, mayores serán los vínculos entre las partes y, por lo tanto, menor el riesgo de abandono. En relaciones largas el "costo del cambio" (dejar una relación para iniciar otra) es siempre mayor que en relaciones recién iniciadas.


6.- Frecuencia e intensidad

Entre más frecuentes y más intensas son las interacciones mayores son las oportunidades de concretar la lealtad. Resulta difícil imaginar una relación sólida entre personas que interactúan con poca frecuencia y además con baja intensidad.


7.- Cercanía

La cercanía puede ser de carácter física, mental o emocional. Ahora es posible, a través de interacciones a través de Internet, compensar la cercanía física por un contacto mental y emocional con los clientes.


8.- Apertura

En las relaciones de negocios resulta importante mantener una imagen de apertura y disponibilidad. Aunque en realidad las relaciones se manejan de acuerdo a políticas y procedimientos, la percepción de apertura mejora las condiciones de la relación.


9.- Creatividad

Dicen que la rutina puede sofocar a cualquier relación, cuando una de las parte decide innovar en la forma en que se lleva a cabo la relación envía un claro mensaje: me interesa la relación.


10.- Contenido del Intercambio

En las relaciones de negocio, tradicionalmente el intercambio consistía en un bien a cambio de un valor (un producto a cambio de dinero). Ahora el contenido del intercambio también debe incluir información y conocimiento. No basta con proporcionar el servicio o producto, vale la pena proveer algo más como información del producto o conocimiento del mercado.


11.- Cuestiones personales

No existen relaciones entre empresas, las relaciones se entablan entre personas. De manera que aspectos como la personalidad, el estilo de comunicación, el sexo y la edad pueden influir en las personas. La mejor forma de cuidar las relaciones de la empresas consiste en minimizar los riesgos de que las cuestiones personales afecten las interacciones.


¿Le preocupan las relaciones?

Si realmente le preocupa a usted el estado de sus relaciones, puede empezar revisando los once aspectos que acabamos de mencionar, "se la pongo" más fácil: si usted ha experimentado problemas con alguna relación (abandono de un cliente o separación de un empleado clave) revise cuál de los temas anteriores pudo hacer influido en el resultado. Si realmente deseamos cuidar las relaciones, debemos poner atención en el todo, la relación en términos generales, y en las partes, los elementos que acabamos de revisar.

"Yo no soy más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si tu me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Tu serás para mí el único del mundo. Yo seré para ti el único en el mundo".

Antoine de Saint-Exupéry